En los centros educativos encontramos mucha diversidad de alumnado. Poco a poco hay más conciencia de ello y buscamos dar respuestas inclusivas efectivas. Entre esa diversidad es muy común encontrar en clase alumnado que no participa y habla muy poco. ¿Qué ocurre con esas personas? A veces puede no dársele suficiente importancia a estas niñas y niños porque no presentan, quizás, dificultades de aprendizaje relevantes o porque no suponen problemas de conducta en el aula. Sin embargo, es un alumnado que hay que atender.
Sería un error pensar que esa niña o ese niño silencioso y poco participativo tiene, simplemente, esa personalidad y hay que dejarlo estar, para no “presionar”. Ese alumnado más callado puede presentar motivos muy diversos que llevan a su silencio, y cada caso precisa de un análisis, pero expondremos en este artículo algunos factores comunes de intervención: la importancia de las expectativas, del contexto y de las interacciones.
Independientemente del caso que se trate, lo que está claro es que todo el alumnado, sin excepción, necesita interactuar y comunicarse. La interacción social y la comunicación son la base del aprendizaje, del crecimiento del individuo, de su progreso para el éxito académico y social. Por ello, sin duda alguna, debemos potenciar la comunicación. Lo principal es crear un entorno que favorezca el habla, el diálogo.
Diversas investigaciones, como esta, levantan una preocupación general: en la mayoría de casos, quien habla en las aulas la mayor parte del tiempo es el maestro o maestra. Este no es precisamente el modelo de comunicación que ofrece mejores resultados. Autores relevantes, desde pioneros como Vigotski a actuales como Neil Mercer o Linda Hargreaves, indican la necesidad de crear interacciones en las aulas donde el alumnado hable más.
Debemos pensar en priorizar actividades dialógicas y plantear temáticas con preguntas abiertas que inviten a dialogar. Pero, para ello, habrá que asegurar que esas actividades y temáticas se desarrollen en un entorno seguro, totalmente libre de violencia o coacción. Ocurre, en ocasiones, que algunas niñas y niños no participan por miedo a equivocarse, a comentarios o miradas de compañeros y compañeras (presión), etc. En otras ocasiones, la escasa participación o habla puede deberse a condiciones particulares como mutismo selectivo, a diagnóstico TEA (trastorno del espectro autista) o desconocimiento del idioma, entre otras. Otras veces, sencillamente, se trata de un conjunto de diversas razones.
En los años que llevo como docente he visto cómo alumnado de estas características, que pasa más inadvertido por su escasa participación, ha terminado mejorando muchísimo aspectos como su vocabulario, su confianza, su participación o la extensión en sus oraciones y reflexiones:
- Alumnado con mutismo selectivo, del que sus propios compañeros (e incluso docentes del centro) decían “no, si ella no habla”, ha terminado hablando, y cada vez más.
- Alumnado con diagnóstico TEA, del que sus propios compañeros y maestras decían que no hablaba o no podía hacer muchas de las tareas, ha terminado comunicándose y participando cada vez más.
- Alumnado con dislexia que no participaba por vergüenza de su expresión oral y escrita, ha pasado a participar en clase y adquirir una mejora de vocabulario y expresión.
- Alumnado extranjero recién llegado, con desconocimiento total del idioma de clase, ha terminado participando en tertulias literarias dialógicas y comunicándose.
No solo eso, sino que se les veía más felices, más confiados, más contentos y contentas. Siguiendo las bases del aprendizaje dialógico, con altas expectativas y aplicando actuaciones educativas de éxito, estas mejoras ocurren. Implantando en las aulas actuaciones como grupos interactivos, tertulias literarias dialógicas, club de valientes violencia cero, creando un contexto de aula con altas expectativas, apoyo, respeto, compañerismo y amistad entre iguales, ese alumnado más callado puede incrementar muchísimo su participación y podemos asegurar su derecho a la mejor educación posible.
En asambleas o tertulias dialógicas, por ejemplo, he podido ver transformaciones tan emotivas como esta:
Niño de 6 años, moderando con mi ayuda, observa que una niña con mutismo selectivo levanta la mano. El niño prioriza su turno (porque damos voz antes a quien ha hablado menos), ella queda callada. El niño espera pacientemente para no presionar y le dice con un tono muy cariñoso: «¿quieres pensártelo un poquito más y levantas la mano cuando te acuerdes?» La niña asiente tranquila, alegre y aliviada. Al rato, las compañeras que tenía esta niña al lado avisan de que ya quiere hablar, ella levanta la mano animada por sus compañeras y consigue expresarse. Toda la clase se alegra y felicita a la niña.
Detrás de este acto hay altas expectativas hacia esa niña por parte de toda su clase, apoyo, seguridad, amistad, ausencia de presión, prioridad de ofrecer más a quien más lo necesita, belleza, bondad y evidencias científicas de impacto social.
Imagen: Freepik
Maestro de educación primaria y especialista de inglés
