Muchas de las enfermedades que aparecen en la edad adulta comienzan a gestarse incluso antes del nacimiento. La ciencia lleva años demostrando que las primeras experiencias dejan una huella profunda en nuestro cerebro y en todo el organismo. ¿Qué podemos hacer durante el embarazo y los primeros años de vida para mejorar la salud?

Es fundamental que el conocimiento científico llegue a toda la sociedad para traducirse en mejores decisiones y oportunidades para la infancia. El Centro de Desarrollo de la Infancia de la Universidad de Harvard recuerda una idea clave: en el desarrollo infantil no solo importa lo que ocurre, sino también cuándo ocurre. Las primeras etapas de la vida constituyen una ventana de oportunidad única, ya que los sistemas biológicos son especialmente sensibles a las experiencias y al entorno. Por ello, las políticas públicas y las iniciativas de entidades sociales, escuelas y administraciones deberían priorizar actuaciones tempranas basadas en evidencias científicas.

Según el informe del Centro de Desarrollo de la Infancia de la Universidad de Harvard, las experiencias en la etapa prenatal y en los primeros años influyen no solo en el desarrollo del cerebro, sino también en los sistemas inmunológico, metabólico y cardiovascular. Durante el embarazo y la primera infancia, el cerebro, el corazón, los pulmones y el sistema inmunitario se desarrollan a gran velocidad, por lo que factores como la calidad de las relaciones, la contaminación o la exposición a sustancias tóxicas pueden dejar una huella duradera. La buena noticia es que proteger a los niños y niñas durante este periodo genera beneficios que perduran toda la vida.

Cuando un niño o una niña vive situaciones de adversidad intensa y prolongada, su sistema de respuesta al estrés puede permanecer activado durante demasiado tiempo. Con el paso de los años, esta situación aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, obesidad o problemas de salud mental. Por ello, prevenir el estrés tóxico desde los primeros años constituye también una estrategia de promoción de la salud.

El informe propone medidas concretas que pueden impulsar tanto las administraciones como las comunidades educativas y vecinales para garantizar un comienzo de vida saludable:

  • Apoyar a las personas cuidadoras. Medidas como los permisos parentales, las ayudas económicas o las redes comunitarias reducen el estrés familiar y favorecen relaciones estables y seguras para la infancia.
  • Crear entornos saludables. Mejorar la calidad del aire y del agua en escuelas infantiles, colegios, campamentos y otros espacios frecuentados por niños y niñas reduce la exposición a contaminantes perjudiciales durante una etapa especialmente vulnerable.
  • Garantizar una vivienda estable. Facilitar el acceso a viviendas asequibles y prevenir los desahucios proporciona un entorno seguro que favorece el desarrollo infantil.
  • Facilitar la atención sanitaria durante el embarazo. Acercar los servicios de salud a las familias, especialmente en zonas rurales o con mayor vulnerabilidad social, mejora el acceso a la atención prenatal y reduce las desigualdades desde el inicio de la vida.
Imagen: Chat GPT
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Doctora en Educación. Durante 23 años maestra de pedagogía terapéutica y educación primaria y 8 años directora del CEIP L'Escolaica. Profesora en la Universidad de Valencia.