Grupos interactivos (GI) es una de las mejores formas de organizar el aula, donde la diversidad del alumnado es atendida sin ningún tipo de exclusión. GI no es una metodología, sino una forma de organizar el aula que incide en la mejora de la convivencia, la solidaridad y el aprendizaje. La clave de los GI es la diversidad y calidad de las interacciones. Autores tan reputados como Freire, Vigotsky o Habermas, desde sus diferentes ramas de estudio, consideran las interacciones y el lenguaje fundamentales para el aprendizaje. Las evidencias avalan esta forma de agrupar al alumnado en pequeños grupos heterogéneos, con una persona adulta dinamizando cada actividad, como una actuación educativa de éxito (AEE). Es decir, es una acción que genera los mejores resultados académicos, transferible a distintos contextos con resultados similares, avalada por investigaciones publicadas en las principales revistas científicas internacionales.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, solo nos queda ponerlos en marcha. Pasos a seguir:

1- Formarnos y leer artículos rigurosos antes de empezar. Debemos saber por qué aplicamos esta forma de organizar el aula y no otra. También es muy conveniente ir a visitar una escuela en la que se hagan GI.

2- Tener presentes en la clase los 7 principios del aprendizaje dialógico. Al principio de cada sesión de GI se pueden comentar los principios y poner ejemplos prácticos. Por ejemplo, la solidaridad: en GI nos ayudamos unos a otros durante las actividades.

2- Disponemos los alumnos y alumnas de la clase en grupos heterogéneos de 4 a 6 alumnos, teniendo en cuenta el sexo, su procedencia, los ritmos de aprendizaje, conducta o necesidades educativas entre otros. Así, tratamos de asegurar que todos los grupos tienen una diversidad similar.

3- Reflexionamos sobre las competencias específicas de las áreas instrumentales que queremos trabajar en la sesión de GI y preparamos las actividades. Estas tendrán una duración aproximada de entre 15 y 20 minutos. No hace falta que sean actividades muy sofisticadas; la premisa esencial es que generen interacciones en el grupo. Ejemplos de actividades pueden ser una ficha, un juego, una actividad con material manipulativo, el uso de recursos TIC (tecnologías de la información y la comunicación) o TAC (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento), entre otras que podamos considerar adecuadas.

4- Preparamos los materiales necesarios para desarrollar las actividades.

5- Ahora nos queda convocar al voluntariado. Cada centro gestiona su voluntariado de la forma que le resulta más efectiva. Se puede organizar por centro, por aula, por días, etc. Pueden ser familiares, otros docentes, personal no docente del centro, alumnado de prácticas, agentes de la comunidad educativa, etc. El voluntariado debe estar dispuesto a la formación, ya que tiene un papel específico dentro del grupo que debe conocer. En pocas palabras, su función es sobre todo mantener al alumnado en la tarea y promover interacciones de ayuda mutua para que todos y todas participen en la actividad.

6- Empezamos: unos minutos antes, recibimos al voluntariado, les explicamos las actividades y, si es posible, les dejamos que elijan. Es importante que les hagamos sentir cómodos y seguros. Controlaremos el tiempo de cada actividad para cambiar cada 15-20 minutos de forma rotativa. Mientras cada grupo realiza una actividad con una persona adulta, el o la docente debe dinamizar el conjunto del aula, supervisando, gestionando posibles conflictos, proporcionando ayuda a los equipos y al voluntariado, evaluando y tomando notas…

7- Ya solo nos queda evaluar la actuación. Esta evaluación la realiza tanto el voluntariado como el alumnado al finalizar sus actividades. Puede ser realizada a nivel oral o por escrito; por ejemplo, con una pequeña encuesta preparada por el o la docente con aquellos puntos que nos interesa conocer, como la adecuación de las actividades al tiempo y al objetivo, grado de interacción y ayuda, tono de voz, etc.

Podríamos especificar muchos más aspectos sobre GI, pero cumpliendo estos puntos básicos ya podemos empezar a ponerlos en marcha y ver muy pronto sus excelentes resultados.

Por Begoña Flos

Licenciada en psicopedagogía. Maestra de PT y primaria en el CRA Araboga y miembro del seminario "A hombros de gigantes" de Castellón