¡Esta es la Gioconda, yo la conozco!

Durante las últimas décadas, en el entorno educativo se ha hablado mucho del arte como un elemento importante a tener en cuenta y a valorar. Las motivaciones que lo han hecho surgir tienen diferentes orígenes. Por ello se han desplegado muchas actividades y acciones, unas con más validez que otras, que han tenido el arte como propuesta y como actividad, con la intención de aumentar la creatividad y la sensibilidad con las diversas disciplinas artísticas.

Desde edades muy tempranas se ha pretendido estimular a los niños y niñas en el mundo del arte, aunque en algunos casos haya servido para tratar el arte de forma superficial y con argumentos poco sólidos, que han servido para enmascarar otros propósitos que han contribuido a la reducción de niveles y a la segregación educativa. En el mismo sentido ha sucedido en numerosas ocasiones una ocultación de las mejores obras, siendo sustituidas por otras que, si bien forman parte del movimiento artístico, no gozan del consenso universal de su contribución a la humanidad.

Por otro lado, cuando las actuaciones relacionadas con el arte han ido acompañadas de fundamentos profundos han tenido un impacto transformador. El alumnado de cualquier edad, cuando tiene la oportunidad de dialogar con sus iguales alrededor de obras que son las mejores creaciones que ha podido disfrutar la humanidad pueden darse cuenta no solo del incalculable valor de estas obras, sino que pueden incorporarlas a su repertorio y a su propio gusto y deseo, y a su propio mundo, porque ya han tenido la oportunidad de conocerlas. Descubren los detalles del David de Miguel Ángel, haciéndose conscientes del enorme valor que tiene la obra, por su belleza, por el esfuerzo que hay detrás de esa creación y por el conocimiento acumulado que contiene, tanto la obra como el diálogo sobre ella. En todo caso, pueden crear un sentido propio relacionado con la obra y con sus propias preferencias, libremente, sin imposiciones. Gracias a haber tenido la oportunidad de conocer estas obras, en otros espacios podrán ofrecer a otras personas la oportunidad de dialogar y podrán desplegar el conocimiento que han atesorado.

Esta forma de compartir, en un entorno dialógico en el que se valora el diálogo igualitario, la solidaridad y las ganas de aprender, obras de diferentes disciplinas (pintura, música, escultura…), como La Flauta Mágica de Mozart, el David de Miguel Ángel, El Nacimiento de Venus de Botticelli, La Gioconda de Leonardo da Vinci, la Noche Estrellada de Van Gogh, entre otras obras, se vienen compartiendo en algunos centros con alumnado de edades muy variadas. Las tertulias artísticas dialógicas suponen una oportunidad para el aprendizaje compartido pero también lo son porque se rompen estereotipos sociales y culturales que privan a muchas personas de las mejores creaciones. 

Y sí, son una realidad que no necesita un gran despliegue de recursos, que puede hacerse en cualquier parte y que enamora tanto al alumnado como al profesorado, que también aprende de forma intensa de los diálogos de niños y niñas.

Un día entró un niño con autismo en una clase de primaria y se fue directo a una lámina que colgaba en la pared y dijo a su manera: “Esta es la Gioconda, yo la conozco”. Las personas presentes quedaron perplejas y alguien dijo: “Hemos hecho tertulia en clase, por eso la conocemos”.

[Imagen: Unsplash]

Por Josep Maria Canal

Maestro de educación especial y primaria. Profesor de la Universidad Internacional de Valencia. Sus líneas de investigación incluyen las Actuaciones Educativas de Éxito, la inclusión educativa, las Nuevas Masculinidades Alternativas y la socialización preventiva de la violencia de género.