Aula con maestras, niños y niñas, Periódico Educación

Implementar en las aulas prácticas no contrastadas aumenta las desigualdades educativas, afecta al bienestar socioemocional del alumnado y condena a la exclusión a muchos niños y niñas que ya parten de una situación de vulnerabilidad socioeducativa.

En España, desde los años 80 y con la LOGSE, una de las teorías pseudocientíficas que ha venido irrumpiendo con más fuerza en las aulas hasta la actualidad es el enfoque constructivista del aprendizaje, con autores de cabecera como Piaget o Ausubel.

Jean Piaget fue un psicólogo, epistemólogo y biólogo suizo que aplicó sus conocimientos de biología al desarrollo cognitivo infantil y, como antecedente del constructivismo, explicó el desarrollo como un proceso construido activamente por los niños y niñas que supuestamente recorren estadios de forma gradual pasando por cuatro etapas interdependientes. Él afirmaba que no es posible avanzar de un estadio a otro sin haber conseguido cierta madurez cognitiva y el dominio de la etapa anterior, lo que en la práctica lleva a colocar el foco en los conocimientos previos y en las dificultades individuales y a programar desde las bajas expectativas tareas de menor componente cognitivo para el alumnado más vulnerable.

Desde referentes clásicos como el psicólogo ruso Vygotsky hasta las evidencias científicas más actuales en educación, psicología o neurociencia, se demuestra que son la estimulación y el aprendizaje lo que produce desarrollo cognitivo, y no al revés; que se necesitan desde las edades más tempranas exigentes estímulos cognitivos de calidad para avanzar en su desarrollo y que la herramienta más poderosa para impulsarlo es la interacción social a través del lenguaje.

El desarrollo cognitivo y el aprendizaje no están limitados por estadios generales del desarrollo. Vygotsky demostró con su teoría sociocultural del desarrollo y del aprendizaje que el buen aprendizaje es aquel que precede al desarrollo y que, por tanto, el trabajo en el aula tiene que ir dirigido no a lo que los alumnos y alumnas saben ya hacer solos y solas, sino a lo que son capaces de lograr entender y hacer con ayuda adulta o de otro u otra estudiante “más capaz”. Así lo definía Vygotsky y así continúa demostrándose científicamente en la actualidad. Es por ello por lo que en las aulas organizadas en grupos heterogéneos inclusivos donde los niños y niñas tienen que resolver tareas con alto componente cognitivo a través de interacciones dialógicas, el aprendizaje y el desarrollo se aceleran.

[Imagen: iStockPhoto]

Por Marifa Salceda

Dra. en Sociología y profesora del Dpto. de Educación de la Universidad de Cantabria