En el anterior artículo compartimos algunas evidencias de cómo comenzar este curso con acciones que favorezcan el máximo desarrollo de toda la infancia sin excepción. Hoy compartimos algunas más, que hemos extraído del proyecto del Centro de Desarrollo de la Infancia de Harvard Lifelong Health.

El entorno escolar como arquitecto del desarrollo.

La escuela es uno de los entornos más influyentes en la vida de los niños y niñas. Un entorno escolar rico, estimulante y humano puede contribuir a superar desigualdades y abrir posibilidades que no existen en otros contextos.

Los elementos que más favorecen el desarrollo en estas edades incluyen espacios seguros y predecibles, rutinas claras que aportan estabilidad, oportunidades de juego libre y guiado, e interacciones que reconocen la diversidad y la dignidad de cada niño y niña. Cuando estos elementos se combinan, la escuela se convierte en un entorno que activa la plasticidad del cerebro, fortalece la resiliencia y favorece el aprendizaje profundo.

Altas expectativas para todos: equidad desde la primera infancia.

Uno de los mensajes más importantes para el profesorado es que todos los niños y niñas pueden aprender y desarrollarse, incluso aquellos que enfrentan dificultades genéticas o viven en entornos vulnerables. La ciencia demuestra que la plasticidad del cerebro es especialmente alta en los primeros años, lo que significa que las intervenciones educativas tienen un impacto mayor y más duradero.

Las altas expectativas no son una presión, sino una forma de reconocimiento. Cuando un docente transmite a un niño que confía en él, cree en su capacidad y le ofrece oportunidades reales de participación, está contribuyendo a construir su autoconcepto, su motivación y su resiliencia. La equidad no se logra solo con recursos, sino con miradas que no excluyen. Con decisiones pedagógicas que amplían posibilidades. Con entornos que no etiquetan, sino que acompañan.

Cada septiembre es una nueva oportunidad para fortalecer una educación más democrática y libre, ofreciendo la posibilidad a todo el alumnado de desarrollar todo su potencial, independientemente de su origen. Es construir una sociedad más saludable, más fuerte y más humana.

Entornos ricos y estimulantes: la escuela como experiencia significativa.

La perspectiva de Lifelong Health subraya que los entornos influyen directamente en el desarrollo cerebral, emocional y social. Un entorno rico en estímulos es un lugar donde los niños y las niñas encuentran oportunidades reales para explorar, comprender, crear y conectar con la guía de un adulto o un igual que guíe en la zona de desarrollo próximo.

Un entorno estimulante también es un entorno humano donde se sueña con relaciones de máxima calidad. Un lugar donde los y las estudiantes sienten que pertenecen, que son valorados, que sus emociones importan. Donde se construye seguridad afectiva, un elemento clave para el aprendizaje profundo. Tener en cuenta la igualdad de diferencias es de mucha ayuda.

No hacen falta grandes recursos, pero sí tener las herramientas que proporciona la formación dialógica del profesorado, que permite recrear la teoría en la práctica cotidiana y aumenta el sentido, la sensibilidad y el propósito docente.

Desde la mirada de Lifelong Health, los y las docentes son arquitectos del desarrollo. No porque tengan que asumir responsabilidades que no les corresponden, sino porque su trabajo tiene un impacto real en la vida de los niños y de las niñas. Un impacto que puede durar décadas.

Por eso, el inicio de curso es también un momento para que los docentes se ilusionen, construyan equipos sólidos, se formen en evidencias científicas y fortalezcan relaciones solidarias en las que se apoyen mutuamente para afrontar con éxito los retos educativos.

Imagen: Magnific
+ posts

Doctora en Educación. Durante 23 años maestra de pedagogía terapéutica y educación primaria y 8 años directora del CEIP L'Escolaica. Profesora en la Universidad de Valencia.