Una sociedad realmente democrática necesita que su infancia aprenda a respetar las opiniones de las demás personas con las que convive. Esta competencia ciudadana ha de ser un objetivo irrenunciable que ha de lograr cada uno de los alumnos y alumnas que acaben la escolarización obligatoria en las escuelas y centros de secundaria, y en ello tenemos que trabajar intensamente desde todas las comunidades educativas.

Las tertulias literarias dialógicas son una actuación educativa de éxito efectiva para lograrlo, ya que en ellas, para construir el significado del texto que estamos leyendo, necesitamos escuchar distintas ideas, propuestas y valores que, al depender de la inteligencia cultural de cada persona, enriquecen y amplifican la comprensión de aquello que se ha leído. 

En las TLD, además, quienes participan aprenden a expresarse sin miedo a sentirse juzgados, ya que se realizan en espacios de diálogo seguros, en los que se debate sobre situaciones que se dan en las mejores creaciones literarias de la historia de la humanidad. Estas obras clásicas, pertenecientes a la cultura universal, tratan temas que conectan con nuestra vida diaria y que se pueden comentar sin necesidad de exponerse personalmente de forma explícita.

Como docentes, tenemos que generar contextos de aprendizaje seguros en los que el alumnado pueda hablar en libertad. Algunas claves para conseguirlo se nos detallan en el artículo científico «‘No one will criticize you’: Keys for Egalitarian Participation in Dialogic Literary Gatherings» y son las siguientes:

  • Para crear un entorno realmente igualitario es necesario que los y las participantes se sientan escuchados
  • Hay que confrontar las opiniones de los y las demás con las propias, sin juzgar, aceptando que la diferencia es lo natural y aceptando no solo diferentes puntos de vista, sino distintas capacidades y comportamientos.
  • Las intervenciones breves fomentan más diálogos y más diversidad de participación.
  • Hay que facilitar las intervenciones espontáneas que se basen en la escucha activa y la reflexión. Así se consigue exponer los distintos puntos de vista que pueden ayudar  al resto de participantes a comprender mejor el texto.

Como docentes, por tanto, debemos generar atractivo hacia quienes escuchan de forma activa, respetuosa con todas y todos, y que expongan de forma concisa su argumento teniendo en cuenta el respeto a cualquier tipo de diversidad. 

Asimismo, es importante que visibilicemos los momentos en que se han planteado distintos significados para un mismo fragmento. Así, el alumnado comprende que tener una opinión distinta sobre un mismo asunto es perfectamente válido y les hará descubrir y ser conscientes de cómo han sido capaces de construir una nueva comprensión de su realidad gracias a las aportaciones de todas y todos.

Por Patricia González

Maestra de primaria y de educación musical. Directora del CEIP Eres Altes de Riba-roja de Túria