Existen escasos programas que doten a los profesionales de la educación de estrategias y herramientas que garanticen espacios seguros para el alumnado LGTBI+. Gran parte de los proyectos existentes no están basados en evidencias científicas, así que no consiguen prevenir o detener la violencia contra los jóvenes de este colectivo. 

En el artículo “Impact of an evidence-based training for educators on bystander intervention for the prevention of violence against LGBTI+ youth”, se analiza el impacto que tuvo la participación de profesionales de la educación (reglada y no reglada) en talleres de capacitación, basados en evidencias científicas, en el campo de la prevención de la violencia. Los talleres se realizaron en 5 países europeos.

Los jóvenes LGTBI+ tienen más riesgo de sufrir acoso y violencia en entornos educativos formales y no formales, debido a las prácticas opresivas y discriminatorias. La violencia puede presentarse de forma verbal, física, sexual, cibernética, psicológica… Casi nunca se informa de estos actos violentos y las personas que ejercen la violencia son diversas, pero presentan un perfil dominante y una sensación de impunidad. Esto contribuye a la normalización e interiorización de LGTBI+fobia y a la no creación de espacios seguros e inclusivos.

Diversos estudios demuestran que los jóvenes LGTBI+ tienen mayor riesgo de sufrir consecuencias negativas para su salud (baja autoestima, enfermedades, pensamientos suicidas…), así como efectos negativos sobre su proceso educativo (abandono escolar, absentismo, bajas expectativas, malos resultados académicos…). Pero es la falta de apoyo de otras personas lo que ejerce las peores consecuencias sobre las víctimas de violencia. No solamente sufren violencia los jóvenes LGTBI+, sino también las personas que se posicionan junto a ellos (personas “upstander”) y los ayudan a ser supervivientes. A este tipo de violencia se le conoce como violencia de género aisladora (IGV).

La falta de formación basada en evidencias puede generar improvisación, desconocimiento de los protocolos, realización de actividades que no superan la violencia (que incluso pueden ser contraproducentes) y la intervención una vez han sucedido los actos violentos, en lugar de abordar la violencia desde la prevención.

En este artículo, se demuestra una vez más que la ciencia es mucho más precisa, y su impacto mayor, cuando los beneficiarios y participantes del estudio se ven involucrados en el proceso de la investigación y en el análisis de los resultados (metodología comunicativa). Si no contamos con las consideraciones de los jóvenes LGTBI+, es posible que se estén obviando aspectos muy relevantes para ellos y claves para superar la violencia que sufren. 

[Imagen: Freepik]

Por Irene López

Maestra de primaria y pedagogía terapéutica. Colegio Trenc d'Alba (Jávea)