Oriol Ríos en Periódico Educación

Oriol Ríos es profesor titular en la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona), y en los últimos años ha liderado dos proyectos europeos y otro financiado por la Obra Social de La Caixa  para acabar con la violencia hacia el colectivo LGTBI+. Además, es director de la revista científica indexada Masculinities and Social Change.

¿Se da violencia en las escuelas e institutos por razones de identidad, expresión de género y orientación sexual? ¿Qué relación guarda con el resto de formas de violencia (de género, por razones físicas, etc.) y qué la diferencia?

Según los datos recientes que existen en la literatura científica y en informes de diferentes organizaciones, pertenecer al colectivo LGTBI+ es un factor de riesgo para sufrir acoso escolar, sobre todo en la etapa de secundaria. Esta violencia está muy relacionada con la socialización en los modelos de masculinidad y en el discurso coercitivo en el que ser dominante y agresivo genera valoración, admiración y atractivo. Este aspecto es común en todos los tipos de violencia que suelen suceder en los centros educativos; es la base del iceberg de las situaciones que después resultan más visibles. Respecto a las diferencias, lo que se apunta en los análisis es el hecho de romper con la normatividad de género. 

¿Qué vinculación tienen los proyectos de investigación científica que has liderado estos años con la escuela?

Especialmente tiene vinculación el proyecto UP4Diversity, que iba dirigido a diseñar unos materiales para la prevención del acoso al colectivo LGTBI+ para profesionales que trabajan con personas jóvenes. En este proceso de elaboración, difusión y creación de redes hemos contado con personas vinculadas al ámbito escolar, sobre todo profesorado de escuelas de primaria e institutos de secundaria. 

¿Qué se puede hacer en las aulas para prevenir esta violencia? ¿Y en los centros, quizá iniciado desde los claustros?

En el aula, como hemos constatado en el proyecto y como también apunta la investigación pionera en prevención, se puede aplicar bystander intervention. Eso significa dar un paso más allá, implicar a las personas espectadoras, a la comunidad, para que se impliquen y se posicionen al lado de las víctimas. Hay mucha evidencia, mucha de ella a través de proyectos que abordan la perspectiva LGTBI+, que muestra el impacto social de convertirse en upstander y actuar de diferentes formas ante el acoso LGTBI-fóbico.  

A mayor escala, en el centro educativo, está muy conectado con lo que ya he mencionado: tan solo con la implicación de la comunidad y un liderazgo dialógico, que puede ser promovido y reforzado por el profesorado, se consiguen centros de tolerancia cero hacia la violencia. 

¿Qué pueden aplicar también las instituciones educativas no formales (organizaciones de ocio y tiempo libre, etc.)?

La respuesta a esta pregunta iría en la línea de la anterior. La bystander intervention se puede aplicar en organizaciones educativas no formales. Existen actuaciones educativas de éxito que ya se están aplicando en centros residenciales para infancia tutelada, en centros de educación de personas adultas o en centros penitenciarios donde ello se está visibilizando con muy buenos resultados. Del mismo modo, la investigación también señala la importancia de la visibilización del colectivo en espacios formales e informales de las instituciones educativas. La normalización de la existencia de personas del colectivo LGTBI+ facilita que se genere un clima de empatía hacia ellas. 

¿Con qué horizonte sueñas en estos espacios educativos en relación a las personas LGTBI+?

Desde pequeño sueño que nadie sufra acoso por ser diferente. Cualquier diferencia nos hace mejor como sociedad. Los centros donde esta diferencia está mal tratada tienen muchos problemas de convivencia. Pero ante esto tenemos mucha responsabilidad las personas adultas que trabajamos en el campo de la educación. ¿Cómo podemos pedir respeto por la diferencia si en nuestro día a día no la fomentamos o valoramos? Yo soy muy feliz cuando la infancia diferente se siente cómoda y feliz por ser como es. Sueño con eso y deseo profundamente que mi trabajo, dirigido a fomentar y divulgar las actuaciones educativas de éxito, consiga prevenir la violencia y permita a la infancia ser felices cada día de su vida, algo que yo en la mía no pude vivir casi ninguno en los que estuve en la escuela.

Por Guillermo Legorburo

Doctor por la Universitat Rovira i Virgili con una tesis sobre upstanders desde las masculinidades y la educación para erradicar la violencia de género. Graduado en Magisterio de Educación Primaria.