En los siguientes artículos analizamos, desde experiencias profesionales, análisis crítico del discurso mediático y referencias a la comunidad científica internacional, una misma preocupación: el impacto que tienen la desinformación, el sensacionalismo y las narrativas pseudocientíficas cuando se dirigen contra iniciativas educativas que han demostrado mejorar los aprendizajes y la convivencia, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad. Frente a ataques basados en desconocimiento, tergiversaciones o intereses ajenos al rigor científico, reivindicamos el papel del periodismo responsable, el valor de las evidencias científicas de impacto social y la voz de docentes y comunidades educativas que constatan, en la práctica diaria, que las actuaciones educativas de éxito funcionan y protegen el derecho de toda la infancia, sin excepciones, a una educación de calidad.
