La investigación científica y la práctica educativa coinciden en señalar que los hábitos cotidianos, el acceso a información rigurosa y los espacios de diálogo influyen de manera directa en la salud, el aprendizaje y la convivencia. Hoy compartimos un artículo sobre la influencia de la mala alimentación en el cerebro, otro sobre el efecto del acceso de adolescentes a información científica sobre salud y la entrevista a Magda Camps, directora de un centro de educación especial, para hablar de las mejoras en las vidas del alumnado al acceder a las evidencias científicas sobre relaciones afectivosexuales.
Cinco días de comida basura, huellas duraderas en el cerebro
Empoderar a los adolescentes a través de la alfabetización en salud
