Creación de sentido y lenguaje de la posibilidad
Está ampliamente demostrado el impacto de las tertulias pedagógicas dialógicas (TPD) en la formación del profesorado. Yo misma he vivido esas mejoras como profesora, cuando comencé a participar hace más de 10 años en el Seminario de Valencia A Hombros de Gigantes y cuando, por primera vez, leí y debatí las grandes obras de la educación.
Recuerdo que muchos y muchas comentábamos lo que nos habría ayudado poder hacer TPD en los años de universidad, que es cuando iniciamos nuestra formación como futuros docentes. Por suerte, esta actuación educativa de éxito ya se ha extendido en muchas universidades y está beneficiando a cientos de futuros docentes.
Este cuatrimestre hemos leído Escuelas democráticas (Apple & Beane, 1997) en la asignatura de Organización y dirección de centros. El alumnado de primero de magisterio reconocía que nunca había leído y debatido ningún libro (tampoco de literatura) y enfrentaron la primera tertulia con un poco de miedo de no saber hacer una aportación. Sin embargo, como las TPD se basan en los principios del aprendizaje dialógico, yo estaba segura de que irían dándose cuenta de que todos y todas sabemos expresar nuestras ideas, pensamientos y sentimientos (tenemos inteligencia cultural) y que hacerlo desde un diálogo igualitario iba a dar un sentido profundo a los contenidos de la asignatura.
Tertulia tras tertulia, la creación de sentido ha ido en aumento, con aportaciones cada vez más profundas y llenas de deseo de transformar la educación, de abrir las escuelas a la participación democrática, de crear organizaciones en las que se busquen voces diversas porque, sin ellas, no es posible la mejora. Participar en la TPD en primera persona les ha posibilitado creer de verdad que estar en la dirección de los centros educativos es una oportunidad preciosa de poder generar un impacto social con proyectos de dirección llenos de evidencias científicas, sueños y esperanza. Proyectos compartidos y liderados con personas diversas de la comunidad educativa que tienen la fortaleza de superar cualquier barrera que se ponga por delante.
Algunos de los últimos párrafos compartidos por las personas participantes reflejan que, tras las tertulias, ha ido creciendo el lenguaje de la posibilidad en sus pensamientos y sus miradas, así como la ilusión y la esperanza de que otra educación es posible.
«El “tiempo de compartir” nos proporcionó una oportunidad para conocer diferentes facetas de las personas, lo que hacían en su tiempo libre, cómo era su familia y qué oían en las noticias. Valoramos este tiempo y lo considerábamos una parte importante de nuestra comunidad democrática (…) no estábamos de acuerdo en todo, pero habíamos decidido que ciertas cosas eran importantes para nosotros» (p. 137)
«Después de cierto debate, un estudiante dijo lo que todos sentíamos: ”…No éramos un grupo especial, pero la situación nos hizo especiales”» (p. 154)
«Estas historias nos recuerdan que el significado más profundo de la democracia se forma no solo en la brillante retórica política, sino en los detalles de la vida cotidiana» (p. 158)
Estos encuentros de lectura y debate de la teoría los hemos combinado con entrevistas a equipos directivos de escuelas que son comunidades de aprendizaje o que aplican actuaciones educativas de éxito, lo que les ha acabado de confirmar que se puede transformar la sociedad cuando los proyectos de dirección y educativos están llenos de sueños de transformación y van de la mano de la ciencia de impacto social.
Las TPD nos han hecho un cuatrimestre especial y han posibilitado compartir sueños de mejora social que perdurarán si los mantenemos vivos siempre.
Imagen: Freepik
Doctora en Educación. Durante 23 años maestra de pedagogía terapéutica y educación primaria y 8 años directora del CEIP L'Escolaica. Profesora en la Universidad de Valencia.
