El impacto social que están generando las tertulias dialógicas no deja de crecer y cada vez surgen más evidencias que lo demuestran. Disponemos de evidencias de su impacto tanto a nivel personal, favoreciendo la salud mental, como a nivel profesional por su impacto en la educación. Hoy me gustaría compartir parte de mi experiencia personal al respecto.

Nunca fui un buen lector; de hecho, la lectura en la etapa de primaria suponía para mí muchísimo esfuerzo. Mis dificultades tenían negativas consecuencias en el aprendizaje instrumental (asignaturas). Esto me generaba frustración y cierto rechazo hacia la lectura. 

De adulto, y de forma paralela a formaciones de profesorado de calidad que hablaban de transformar la educación, me invitaron a asistir como voluntario a varios centros de primaria donde aplicaban estas prácticas. Ahí pude ver que todas esas teorías científicas que estaba escuchando y leyendo tenían unos resultados en el alumnado que superaban mis expectativas.

Fui invitado a uno de los seminarios “A hombros de gigantes” de formación del profesorado donde, en tertulias pedagógicas dialógicas, se habla de teorías, investigaciones, autores y autoras con aval científico, pero siempre con el texto original en la mano. Se habla de las prácticas que están mejorando la educación. Y aquí vino el punto más decisivo en mi transformación personal, profesional y como lector: entre esas prácticas educativas rigurosas que leía y había presenciado como voluntario en estas formaciones, se encuentran las tertulias dialógicas. En el seminario leía las mejores evidencias sobre educación pero, además, lo compartía en diálogo con otra gente en tertulias pedagógicas dialógicas. Cuando comencé a ejercer de maestro me animé a implantar tertulias literarias dialógicas con mi alumnado y descubrí un mundo nuevo leyendo y debatiendo esos clásicos universales en clase. Estas tertulias con niñas y niños me impulsaron a leer las obras originales y me aficioné

¿Qué impacto han generado en mí estas tertulias?

En la actualidad, por un lado, estoy en varios seminarios de formación del profesorado que funcionan con tertulias pedagógicas dialógicas. Debatimos las lecturas de los libros y artículos científicos que más impacto han generado y generan en la educación.

Por otro lado, participo en un grupo de tertulias literarias dialógicas online con personas adultas muy diversas, en el que leemos las mejores obras patrimonio de la humanidad y compartimos nuestras impresiones, reflexiones y puntos de vista. Todas las voces aquí son igualmente valoradas y escuchadas sin importar el nivel lector o conocimiento literario, la profesión, la edad, las preferencias personales ni nada superficial. Se valoran los argumentos.

Además, con mi alumnado de primaria, realizo tertulias literarias dialógicas en clase, leyendo clásicos como “Don Quijote de La Mancha” o “La Odisea”. También aplico con ellas y ellos tertulias científicas dialógicas.

Con todos estos espacios y diversos grupos, he desarrollado verdadera pasión por leer. No concibo ahora estar sin libros que disfrutar a diario. He pasado de no leer a estar leyendo hasta 4 libros a la vez, a leer textos muy difíciles a los que ya no temo enfrentarme. Pero no se trata de cualquier lectura, sino de las mejores obras en el ámbito literario y científico, ofreciéndome múltiples y diversos conocimientos. Y tampoco es solo el texto (que también), sino el hecho de compartirlo y dialogarlo con otras personas, y muy diversas, lo que tanto me aporta: he ganado confianza en mí mismo, he alcanzado un nivel de fluidez y comprensión lectora muy superior al que jamás hubiera podido soñar. Y no solo he mejorado ese aspecto instrumental; estas lecturas, los diálogos y las personas con las que las comparto me han ayudado a mejorar mi escucha activa, a apreciar y valorar más los argumentos de cualquier persona, a ser más paciente, a tener más confianza a la hora de expresarme, a desenvolverme mejor con los demás, a comunicarme mejor, enfrentarme a retos que me empujan a superarme, a ser más crítico con temas sociales, a elegir mejor, a pedir ayuda a personas más capaces y mejorar mis relaciones con mis seres queridos (la lectura dialógica me ha acercado más a ellos). En definitiva, las tertulias dialógicas de cualquier tipo (musicales, científicas, pedagógicas, literarias…) me han llevado a tener una vida más llena, de más aprendizaje, más saludable y feliz.

Lo más sorprendente es que, desde que participo en tertulias dialógicas, cada año siento que mi vida es mejor que el año anterior; y esto lo debo a las personas que me rodean y comparten conmigo estos espacios dialógicos. Sin duda, puedo corroborar en mi experiencia personal los beneficios que se señalan en las muchas investigaciones que se publican con respecto a las tertulias dialógicas. Son un torrente de transformación constante y permanente.

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Maestro de educación primaria y especialista de inglés