A menudo escuchamos en los centros educativos la misma queja: que las familias no se implican lo suficiente, que cuesta que asistan a reuniones, charlas o eventos y que, por supuesto, resulta casi imposible conseguir voluntariado para los grupos interactivos. Sin embargo, esta idea no siempre refleja lo que realmente ocurre. La participación familiar existe, pero depende de múltiples factores: disponibilidad, confianza, experiencias previas o, simplemente, la manera en que desde el propio centro invitamos a colaborar.

Recuerdo la experiencia de una maestra de primaria en un colegio donde resultaba difícil reunir personas voluntarias. Contra todo pronóstico, consiguió ocho personas para su primera sesión de grupo interactivos. Algunos compañeros atribuyeron su logro a que la actividad se celebraba un viernes por la tarde. Sin embargo, para la siguiente sesión decidió cambiar de día y hora, tanto para demostrar que no era una coincidencia como para adaptarse mejor a otras familias. El resultado fue igual de positivo: siete personas voluntarias, algunas de las cuales repetían. Esta situación abrió un debate interesante: ¿cómo es posible que, en un mismo centro, algunos docentes reúnan más voluntarios de los que necesitan mientras otros no logran ninguno?

La respuesta tiene mucho que ver con cómo se presenta la propuesta y con las acciones que se ponen en marcha para acompañar a las familias desde el primer momento. Conseguir voluntariado no pasa por la presión ni por insistir en la falta de participación, sino por generar un ambiente cercano y seguro. Y, sobre todo, por comprender que conseguir incluso un solo voluntario ya es motivo de celebración, porque esa primera persona abre una puerta y crea el precedente que anima a otras a participar. Por eso es esencial cuidarlo, hacerlo sentir valorado y acompañarlo para que su experiencia sea positiva y desee volver.

Las familias necesitan percibir que su presencia es valiosa, que el aula es un espacio donde serán bien recibidas, escuchadas y donde no estarán solas en ningún momento. Muchas veces solo necesitan sentir que su aportación, por pequeña que sea, marca una diferencia real en el aprendizaje del grupo. A algunos voluntarios incluso les da apuro repetir porque temen “ser pesados” o sienten que están ocupando demasiado espacio, por lo que es esencial recordarles que su ayuda siempre es bienvenida y necesaria. También resulta muy importante, especialmente con ciertas familias y en las primeras ocasiones, ofrecer una acogida cálida: recibirles en la puerta del centro, acompañarles hasta el aula y, al finalizar, acompañarles nuevamente a la salida para que se sientan arropados en todo momento. Y, además, es fundamental asegurarles todo esto antes de que decidan venir, para que sepan que no estarán solos y se animen a dar ese primer paso que a veces tanto cuesta.

Otro aspecto clave es recordarles que no conocer el idioma no es un impedimento. El voluntariado no asume el rol del profesorado ni necesita explicar tareas; su función es favorecer las interacciones entre el alumnado, animarles a ayudarse mutuamente y velar por un espacio seguro y libre de violencia. Lo esencial es su presencia y su acompañamiento, no el idioma, que en ningún caso limita la calidad de la actividad. Su presencia, su atención y su mirada son lo que realmente importa, por lo que la barrera lingüística no solo no les resta valor, sino que en muchos casos enriquece la diversidad del aula.

A menudo basta con explicarles de manera personal la importancia de su colaboración, mostrarles ejemplos concretos de cómo ayudan a mejorar la dinámica del grupo o animar al alumnado a compartir la invitación en casa. Incluso gestos sencillos, como agradecer públicamente su presencia o dedicar un momento al final de la sesión a comentar cómo se han sentido, refuerzan su motivación. Cuando se transmite seguridad, respeto y cercanía, el voluntariado deja de ser un desafío y se convierte en una oportunidad compartida para mejorar la educación de todos y todas.

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Imagen generada con IA en ChatGPT
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Profesora e investigadora en Educación en la Universidad del País Vasco