Recientemente ha salido un estudio de la Universidad de Harvard, titulado “Importancia en la primera infancia: construyendo una base sólida para la vida”, donde se analiza la importancia de ser valorados desde la primera infancia. Esta idea, conocida como mattering, se refiere tanto a sentir que somos valiosos como a saber que podemos aportar algo a los demás. La evidencia científica muestra que esta sensación temprana actúa como un cimiento clave para la salud, el bienestar emocional y la motivación para aprender a lo largo de toda la vida. A continuación, extraeremos algunas de las ideas clave de la publicación citada y haremos referencia a cómo las actuaciones educativas de éxito (AEE) pueden contribuir en este aspecto.
El sentimiento de ser valorados y de que nuestra aportación a la sociedad es relevante
Inculcar desde edades tempranas la valentía, la solidaridad y la bondad —por ejemplo, mediante el club de valientes violencia cero— ayuda a hacer que niños y niñas reciban señales claras de que su presencia importa y de que pueden marcar una diferencia real en su entorno. Inculcar desde el principio de la vida que los niños y las niñas importan a sus seres queridos y a la escuela tiene un impacto muy positivo en la salud y el bienestar. Según la investigación, sentir que se es importante para alguien actúa como un factor protector frente al estrés, la ansiedad y la soledad.
A través de las tertulias dialógicas (TD) y de los principios del aprendizaje dialógico —donde la base es la igualdad y la importancia de todas las personas— damos voz y valoramos las aportaciones de niños y niñas desde edades tempranas y también en la vida adulta, otorgando valor a todos y a todas. Estas interacciones, de manera similar a las dinámicas de serve and return descritas por Harvard, fortalecen vínculos estables que mejoran la autoestima, la seguridad emocional y la motivación para aprender.
Es muy importante contar con lugares seguros para aprender y jugar, donde los niños y las niñas puedan desarrollarse de manera satisfactoria.
Las Comunidades de Aprendizaje constituyen un espacio que proporciona aprendizaje y amistades de calidad, creando lo que el informe denomina “espacios de mattering”: lugares donde siempre encuentran reconocimiento, escucha y oportunidades para contribuir (descarga aquí la guía gratuita de Comunidades de Aprendizaje).
La base se establece en la infancia, cuando la arquitectura cerebral que moldea nuestras emociones guía nuestro comportamiento.
Las experiencias tempranas —miradas, respuestas, gestos, palabras— refuerzan o debilitan conexiones neuronales cruciales. En este punto, cabe recordar la idea que transmitió Santiago Ramón y Cajal:
Cada persona, si se lo propone, puede ser arquitecta de su propio cerebro.
La sensación de no importar es perjudicial para la salud; por ello, desde las escuelas debemos proporcionar espacios de calidad.
La ciencia muestra que la ausencia de mattering aumenta la vulnerabilidad al estrés tóxico y afecta el sistema inmunitario y el estado de ánimo. Trabajar el comportamiento prosocial desde edades tempranas se asocia a una mayor empatía y a relaciones de calidad, lo cual resulta clave para forjar amistades que protegen. Dar pequeñas responsabilidades, reconocer la ayuda y favorecer que contribuyan al grupo refuerza la idea de que su participación importa, fortaleciendo autoestima, motivación y capacidad de convivencia.
