Tras más de 30 años de análisis científico sobre el bullying escolar, la investigación enfatiza la necesidad de seguir aportando conocimiento sobre cómo crear entornos más seguros en los que las chicas y chicos, desde las primeras edades, puedan vivir, crecer, jugar y aprender. Las evidencias muestran que esta preocupación no versa exclusivamente sobre las víctimas. Las niñas y los niños que observan y comparten de cerca el acoso escolar experimentan también más dificultades para concentrarse y pueden sufrir baja motivación y desconfianza en los demás. Siguen creciendo las evidencias sobre cómo el bullying de cualquier índole es mucho menos frecuente en círculos de buenas amigas y amigos, lo que puede convertirse en una pista clave para las personas educadoras a la hora de identificar casos de riesgo en nuestras escuelas y actuar preventivamente desde el primer día. Esta evidencia también resalta la importancia de trabajar espacios educativos que creen círculos de solidaridad activa y de amistad.

Actualmente el acoso escolar es un tema preocupante en las agendas relacionadas con la educación. No es algo que no existiera antes, pero los datos actuales lo han convertido en una alarma social. Conocemos los efectos perjudiciales que tiene sobre la salud y el rendimiento académico en las personas que sufren o han sufrido bullying en la escuela, y además sabemos que ser conocedor de esta realidad, ser testigo, también afecta al bienestar de las y los menores.

Ya incluimos en el debate las voces de la adolescencia y algunas de sus reflexiones para la superación del acoso. En esta ocasión se presentan voces recogidas de, aproximadamente, un millar de chicas y chicos de 10 a 12 años, con la intención de seguir visibilizando espacios de diálogo con ellas y ellos y, a ellas y ellos especialmente, nos dirigimos.

La revista Frontiers for Young Minds, revisada por niños, niñas y adolescentes, en su artículo A friend is a treasure and may help You to face bullying analiza, para que pueda ser debatido entre las chicas y los chicos, los factores que ponen a una niña y niño en riesgo de sufrir acoso. Entre ellos, el más significativo es el de no contar con un grupo social de apoyo.

Lecturas como esta pueden ayudar a las chicas y chicos a definir qué es el bullying, en cualquiera de sus contextos, desde sus vivencias y conocimiento social, y formular aquellas pistas que les ayuden a identificarlo fácilmente. Por ejemplo, las voces de las chicas y los chicos que participan de esta investigación asociaban las causas del bullying con el aburrimiento de los acosadores o con el empleo de bromas mal ajustadas. En cambio, esto no es lo que recoge la investigación o las evidencias científicas y hemos comentado en otros artículos publicados anteriormente. Las agresiones están motivadas por lo que llaman la hipótesis de dominancia entre su grupo de iguales; con ellas esperan ganar popularidad y poder entre sus compañeros y compañeras.

Estos espacios de diálogo que les acercan las evidencias les permiten comprender temas como que los chicos o las chicas que acosan, aunque no sean bien recibidos entre algunos compañeros y compañeras, pueden ser vistos como populares por otros de su propio grupo. Por tanto, hay chicos y chicas que están pudiendo reforzar o permitiendo el acoso para que también sean vistos como populares. También permiten analizar cómo las personas agresoras tienden a elegir a las víctimas que no son agresivas, que se sienten inseguras o físicamente débiles o, como ya introducíamos al inicio del artículo, tienen pocas o ninguna amistad. Otra estrategia podría ser también, debatir situaciones como la que propone este artículo sobre cómo el posicionamiento activo de una amiga o amigo puede hacer que sea menos probable que se produzca una situación de acoso escolar.

Es muy necesario abrir espacios de diálogo con los chicos y las chicas al respecto, en charlas, lecturas, etc. en los que puedan poner a debate sus reflexiones con las evidencias científicas. Las familias, personas educadoras y el profesorado especialmente, tenemos la oportunidad de mediar este puente para la recreación del conocimiento desde la voz de las chicas y de los chicos. Estos diálogos podrían disminuir exponencialmente la soledad y la confusión ante el bullying.

[Este artículo se publicó por primera vez en DF Diario Feminista, el 28 de noviembre de 2018]
[Imagen: Freepik]

Por Esther Roca

Durante 12 años, maestra de educación especial y asesora de educación inclusiva en la Generalitat Valenciana. Actualmente, profesora de la Universitat de València. Sus líneas de investigación incluyen las Actuaciones Educativas de Éxito en diversidad de grupos sociales y etapas de aprendizaje, la formación docente, la inclusión educativa y la socialización preventiva de la violencia de género.