En el Día Mundial para la Prevención y la Sanación del Abuso Sexual, la Explotación y la Violencia contra la Infancia, es importante recordar que la evidencia científica de impacto social muestra una verdad crucial: para proteger eficazmente a los menores, primero debemos asegurarnos de que los adultos que les protegen también estén protegidos. La ciencia ha demostrado que una de las formas más efectivas de aislar a las víctimas es acosar a quienes las apoyan (una táctica conocida como violencia de género aisladora, cuyas consecuencias para la salud son devastadoras). Superar esa violencia es una de las vías más eficaces para proteger.
La realidad es que muchos agresores pueden continuar con sus abusos porque cuentan con apoyo social. Los perpetradores rara vez actúan solos; dependen de redes de facilitadores que sostienen, legitiman o amplifican su violencia. La investigación sobre el control coercitivo muestra que los agresores se apoyan en ecosistemas sociales (miembros de la familia, amistades, colegas o figuras comunitarias) que pueden reforzar, de forma consciente o inconsciente, las estrategias de dominio del perpetrador.
En los casos de abuso sexual infantil, esta dinámica suele comenzar con un aislamiento progresivo. Los perpetradores separan a los niños de los adultos protectores, los manipulan para mantener el secreto y utilizan amenazas para quebrar la confianza que los supervivientes podrían depositar en posibles apoyos. A medida que las víctimas crecen, estas tácticas de aislamiento se trasladan con frecuencia al ámbito digital. Las campañas de difamación en línea (como presentar a la víctima como “inestable” o “mentirosa”) se utilizan habitualmente para desacreditar su testimonio y disuadir a otros de creerla o apoyarla. La investigación empírica sobre el control coercitivo facilitado por tecnología muestra que esta manipulación digital refuerza enormemente la capacidad del agresor para aislar y silenciar a las víctimas.
Más allá de la difamación, los perpetradores suelen formar alianzas tóxicas en el entorno social de la víctima. Familiares o amistades pueden minimizar el abuso, negar su gravedad o insistir en “mantener unida a la familia”, generando confusión, culpa y dudas en la persona superviviente. En los casos más graves, estas personas se convierten en cómplices activos (protegiendo al agresor o presionando a la víctima para que no denuncie, patrones documentados tanto en la investigación sobre abuso sexual infantil como en violencia doméstica).
La estrategia más agresiva es el ataque directo a la red de apoyo, conocido como violencia de género aisladora (VGA), en la que los agresores dirigen amenazas, acoso digital o daños reputacionales contra amistades, parejas o colegas de la víctima, dejándola sin apoyo externo. Estas tácticas interconectadas forman una estructura de telaraña que permite a los perpetradores mantener un control prolongado y facilita que la violencia digital persista en el tiempo y en distintos contextos.
Para garantizar vidas libres de acoso, a menudo recurrimos a sistemas e instituciones para proteger a las víctimas, y esto es necesario. La mejor forma, por ejemplo, de aplicar acciones educativas exitosas para prevenir la violencia es mediante la implementación del modelo dialógico de prevención, que ha mostrado evidencia científica de impacto social en la prevención y reducción de la violencia.
Pero el cambio real también empieza en cada uno de nosotros. Por ejemplo, cuando una amistad o un compañero se convierte en cómplice de una campaña de difamación contra alguien que apoya a supervivientes de abuso sexual infantil, ¿cómo respondemos? Si queremos proteger a los menores, solo hay un camino: debemos proteger tanto a las víctimas como a las personas que las apoyan.
La telaraña del agresor se derrumba cuando nadie respalda su acoso cobarde y obsesivo.
Imagen: Freepik
Este artículo fue publicado por primera vez en Daily 27 el 18 de noviembre de 2025
Presidenta de la Asociación CSAS (Survivors of Child Sexual Abuse) – Science and Friendship. Directora de DF Diario Feminista. Profesora de Periodismo y Comunicación, Universitat Autònoma de Barcelona
