Recientemente he observado un “juego” que se ha vuelto popular entre alumnado preadolescente, especialmente niñas. Una de ellas da el nombre de tres chicos y las otras deben contestar con cuál de ellos se casarían, con cuál se besarían y a quién matarían. No hace falta mencionar lo claramente violenta que es la tercera opción. Por ello nos centraremos en las dos primeras.
Aunque tenga nombres diferentes o pequeñas variaciones, no es nada nuevo en absoluto. Este tipo de “juegos” se practican desde generaciones atrás. Aunque siempre ha habido quien tiende a trivializar estas interacciones diciendo que “es solo un juego, no es real, así que no hay que exagerar”, la ventaja de hoy en día es que tenemos a nuestro alcance las evidencias científicas, y más fácilmente que nunca. En primer lugar, en la “Guía para entender a tu hijo”, del centro de estudios sobre la infancia de Yale, podemos leer que cualquier exposición a la violencia, ya sea real o ficticia, pasa a formar parte de la visión que el niño o niña tiene del mundo. Por otro lado, podemos acudir a autores de referencia (Mead, Vigotski, Kandel, Bruner, Flecha…) que especifican que la mente del individuo se forma con las interacciones y diálogos que tiene con otras personas. Con ello ya sabemos que lo que veamos (y los diálogos que escuchemos o reproduzcamos) es importante.
La socialización en ese tipo de interacciones y preguntas está dando a las y los jóvenes dos opciones ante una persona o actitud: o bien te atrae o bien te conviene. Es decir, eliges a una persona que te atrae (a quien besarías) o eliges a quien te conviene porque te trataría bien aunque no te atraiga (con quien te casarías). Como si ambas condiciones no pudieran encontrarse en una misma persona: alguien a quien desees y que además te trate bien. En este sentido, Jesús Gómez inició una línea de investigación donde aclara que sí hay una alternativa transformadora; sí se puede tener deseo por personas y actitudes que, a la vez, te convengan porque tratan bien y son igualitarias. Cuando personas jóvenes se encuentran en un grupo de iguales sometidas a ese tipo de discurso coercitivo que les hace elegir entre lo que les atrae o lo que les conviene, se les está quitando su libertad, cortando el diálogo y los argumentos en torno a sus elecciones. Se les está ocultando la alternativa transformadora a esta doble moral: se puede desear personas y actitudes que les convengan porque tratan siempre bien.
Es esencial, como familiares y como educadores, que promovamos con las niñas y niños, desde edades bien tempranas, diálogos en torno a la socialización preventiva. En este sentido, cada vez en más centros educativos (y otros espacios) se previene a la infancia de este discurso coercitivo, mediante el diálogo igualitario en asambleas, clubs de valientes violencia cero o tertulias dialógicas. Se consigue vincular el lenguaje del deseo (lo que les gusta) con las actitudes de bondad y belleza (quienes son valientes y populares porque tratan siempre bien y con respeto).
Es grave ocultar a la juventud que la verdad, el respeto y la bondad son atractivos, divertidos y deseables. Abrir espacios seguros donde se dialogue este tema con las evidencias pertinentes acercará a las y los jóvenes a elegir aquellas relaciones sociales que desean, resultando ser precisamente bellas, sinceras y seguras. Esto les alejará de relaciones tóxicas y evitará que se dejen llevar por el discurso coercitivo dominante que les intenta vender la idea falsa de que lo atractivo no puede ser bueno. Lo realmente alternativo y transformador es aclarar que las relaciones más emocionantes, deseables y divertidas son las igualitarias y bondadosas.
[Imagen: Freepik e IA]
Maestro de educación primaria y especialista de inglés
