Aunque a veces no le demos importancia o lo consideremos algo secundario, dormir es una necesidad biológica fundamental para el aprendizaje, la memoria y el rendimiento académico.
Diversas investigaciones científicas han demostrado que el sueño es esencial para consolidar la información aprendida a lo largo del día. Durante la fase de sueño profundo, el cerebro reorganiza y refuerza los recuerdos. Un estudio en el campo de la neurociencia mostró que las y los estudiantes que dormían después de estudiar retenían significativamente más información que quienes permanecían despiertos. Por tanto, dormir es clave para fortalecer la memoria y la plasticidad cerebral.
La falta de sueño, por el contrario, tiene un impacto negativo en el rendimiento. Un estudiante que ha dormido pocas horas puede sentirse más distraído, irritable y con menor capacidad para resolver tareas. Según otra investigación científica, la falta de sueño reduce la actividad del hipocampo, una zona del cerebro que es fundamental para la memoria. Además, a largo plazo, el déficit de sueño se asocia con problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, especialmente en adolescentes.
Ante esto, ¿qué podemos hacer? Establecer rutinas sólidas, evitar dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir y priorizar el descanso como parte del proceso de aprendizaje. Familias y profesorado pueden colaborar respetando los ritmos naturales del sueño y fomentando hábitos saludables. Que quede claro: dormir bien no es “perder el tiempo”; es preparar el cerebro para aprender mejor.
[Este artículo fue publicado por primera vez en Kaiera el 6 de junio de 2025]
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[Imagen generada con IA]
Investigador predoctoral FI en el Departamento de Sociología de la Universidad de Barcelona
