Tras las elecciones europeas, se ha llegado a un máximo en el desprecio que muchos tertulianos de los medios tradicionales lanzan contra la mayoría de la ciudadanía mundial que ya está en las redes sociales. Reivindican la anterior jerarquía de la comunicación, en la que ellos son los únicos que hablan mientras que la inmensa mayoría de las personas les escuchan e incluso les atribuyen un título de expertos o de tener opiniones interesantes. Por suerte, la democracia, la inteligencia y el mundo online hacen ya imposible que vuelva esa jerarquía en la que tenían impunidad los bulos que convenían a quienes financiaban esos medios. Más de la mitad de personas del mundo, y sigue creciendo ese número, pueden poner sus opiniones en las redes mientras que solo unos pocos lo pueden hacer en los medios tradicionales.
La libertad de expresión por la que muchos luchamos bajo el franquismo era para todas las personas sin excepción; despreciar a esas personas es ir contra los derechos humanos y contra la democracia. Una de las disculpas para legitimar ese desprecio es decir que las redes están llenas de mentiras mientras que ellos en los medios dicen la verdad, que en las redes solo hay racismo y sexismo mientras que ellos defienden los valores ciudadanos, que ellos expresan opiniones inteligentes mientras que en las redes sucede todo lo contrario. Quien quiere elige lo mejor y una de las formas de hacerlo es a través de periódicos digitales gratuitos que no se deben a ninguna financiación ni poder y buscan y dicen siempre la verdad.
Toda persona mínimamente inteligente o no habla de las redes o habla sabiendo de lo que habla y, por tanto, afirmando que en las redes sociales podemos encontrar de todo: las mayores mentiras y las mayores verdades, las opiniones más inteligentes y las más torpes, los mayores sexismos y racismos y las mejores acciones que lo superan. Eso no ocurre con los tertulianos.
Los tertulianos que desprecian a las personas que usan las redes son tan ignorantes que incluso es frecuente todavía oírles que los grandes pensadores griegos no hablaban en textos de 140 caracteres, cuando ya hace mucho tiempo que son 280 en X. El día después de las elecciones europeas, el desprecio de los tertulianos nos ha recordado más que nunca lo que ya nos dejó escrito Antonio Machado:
«Es propio de aquellos con mentes estrechas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.»
