Las familias tienen un papel indispensable en la educación de los niños y las niñas. Hasta aquí no hay nada nuevo. Es una oración que se usa constantemente en el mundo de la educación. A las familias se les pide implicación en la educación, desde escuelas e institutos, solicitando colaboración, respeto y ayuda. Las familias, de forma muy mayoritaria, tienen esa intención de colaborar, respetar y ayudar, pero ¿qué pasa si no hay mecanismos de participación? ¿Si, por ejemplo, solo se solicita asistir a entrevistas y reuniones para recibir la información que el profesorado quiere transmitir? Información que, a veces, llega con cuentagotas. ¿Qué tipo de participación puede aportar la familia? ¿Cómo pueden ayudar a mejorar la educación de sus hijos e hijas?
Las familias se implican de una forma comprometida cuando se cuenta con ellas. Si el profesorado se relaciona con diálogo igualitario, es decir, contando con las familias, respetando su papel, su opinión y valorando su inteligencia cultural, es decir, todo el bagaje de conocimiento cultural y social que toda persona tiene, la forma de participar y de relacionarse de las familias mejora, aumenta y cobra un sentido profundo de colaboración y participación real.
El diálogo igualitario con las familias incluye diferentes aspectos que son clave: la verdad, por un lado, porque se integran los argumentos del conocimiento científico por parte del profesorado en las conversaciones, reuniones y entrevistas, sobre cuáles son las mejores actuaciones educativas para acelerar aprendizajes y transformar la convivencia. Por otro lado, contar con la voz de las familias es un elemento clave para que puedan aportar su mirada y su opinión sobre lo que sucede en la educación de sus hijos e hijas. Pero, además, en ese mismo diálogo igualitario se incorpora la posibilidad de un tipo de participación que va más allá, que cuenta con las familias en las decisiones, en la evaluación y en el propio aprendizaje del alumnado, de forma directa.
La participación educativa de las familias contribuye a tener espacios de aprendizaje de máximos, en los que las interacciones del alumnado son de calidad. Cuando las familias vienen a participar a las comisiones mixtas, a la biblioteca tutorizada, los grupos interactivos o a las tertulias literarias dialógicas, aportan su conocimiento, dinamizan interacciones en las que niños y niñas aprenden más, y además se llevan la ilusión, la fuerza y la igualdad de las diferencias que han vivido en clase. Con estas ideas pueden desear hacer cambios y transformaciones en las interacciones del hogar o en otros espacios, pueden ayudar a modificar expectativas o rehacer puentes que vayan hacia nuevos o antiguos sueños, personales o colectivos.
La relación con el profesorado cambia y el consenso para encontrar la forma de mejorar la educación del alumnado no solo es un sueño, sino una realidad que aviva la esperanza y la ilusión de la construcción conjunta de una sociedad mejor.
Imagen: foto de Adam Winger en Unsplash
Profesor de la VIU y profesor sustituto de la UV. De formación, maestro de educación especial y primaria. Sus líneas de investigación incluyen las actuaciones educativas de éxito, la inclusión educativa, las nuevas masculinidades alternativas y la socialización preventiva de la violencia de género.
