Hay quienes afirman que Goethe quiso representar el amor romántico en Werther. Sin embargo, él mismo dejó escrito lo contrario: “Escribí Werther para no convertirme en Werther”. Es cierto que esa novela, de enorme éxito y posteriormente convertida en ópera por Massenet, es en gran parte autobiográfica. Goethe también sintió emociones parecidas a las del protagonista, pero logró no convertirse en alguien como él. Quien sí acabó identificándose trágicamente con el personaje fue, en realidad, su amigo Jerusalem.
La mencionada frase de Goethe, así como su propia trayectoria vital, indican que supo diferenciar el amor de la obsesión; el amor romántico mutuamente correspondido —como el de Leonora y Fidelio en la ópera de Beethoven— de la obsesión que no respeta la libertad de una mujer que decide mantener su relación con su marido y no elegir a quien llega incluso a amenazar con suicidarse si no es correspondido.
Otra cuestión sobre la que todavía no pueden hacerse afirmaciones concluyentes, debido a la ausencia de investigaciones científicas suficientes, es el impacto social que tuvo la novela. Se sabe que provocó suicidios de personas que se identificaban con Werther y que contribuyó, en algunos casos, a confundir amor con obsesión y romanticismo con acoso. Sin embargo, todavía no sabemos hasta qué punto la mayoría de quienes leyeron la obra reaccionaron de ese modo o, por el contrario, si la lectura les sirvió —como al propio Goethe— para rechazar y no justificar esa conducta.
