La mejora educativa no se construye desde la improvisación ni desde modas pasajeras, sino desde la aplicación rigurosa de evidencias científicas de impacto social y la formación fiel a aquello que ha demostrado funcionar. Cuando las actuaciones educativas de éxito se implementan con la “fórmula exacta” que las respalda, se generan relaciones igualitarias, solidarias y libres de violencia, capaces de devolver la ilusión al profesorado y de producir mejoras reales en los centros. Avanzar en esta dirección implica asumir la responsabilidad ética de dejar las ocurrencias al margen y pasar de acumular información a acceder, compartir y generar conocimiento transformador, porque todos los niños y niñas tienen derecho a obtener los mejores resultados posibles.
La evidencia científica de impacto social ilumina la educación
