En las últimas décadas, la salud mental de los y las adolescentes se ha convertido en una preocupación central debido tanto a su relevancia epidemiológica como a su impacto en el desarrollo humano y social. En Europa, uno de cada cinco adolescentes sufre un trastorno mental, con inicio alrededor de los 14 años. Los metaanálisis globales refuerzan la magnitud del problema, señalando la depresión como una de las principales causas de discapacidad relacionada con la salud, a menudo comenzando en edades tempranas, afectando principalmente a niñas y a personas con mayor vulnerabilidad.
Podemos decir que la salud mental es un tema que preocupa e interesa a la ciencia y a la ciudadanía pero ¿qué es la salud mental y qué podemos hacer para favorecerla?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental se define como un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Tiene un valor intrínseco e instrumental y es un derecho humano fundamental.
Es una buena noticia saber que los factores de protección se dan durante toda la vida y contribuyen a reforzar la resiliencia. Entre ellos se encuentran las habilidades socioemocionales individuales, las interacciones sociales positivas, el acceso a una educación de calidad, un trabajo decente, vecindarios seguros y sólidos lazos comunitarios.
Según la OMS, los programas de promoción y prevención requieren colaboración intersectorial. Los sectores de la educación, trabajo, justicia, transporte, medio ambiente, vivienda y bienestar desempeñan una función crucial. Por otra parte, el sector de la salud puede contribuir incorporando la promoción y la prevención en sus servicios y liderando o apoyando la coordinación multisectorial.
En este sentido, todos los Estados Miembros de la OMS se han comprometido a aplicar el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, cuyo objetivo es mejorar la salud mental por medio de cuatro estrategias principales centradas en el liderazgo, la atención comunitaria, la promoción y prevención, y el fortalecimiento de los sistemas de información, los datos científicos y las investigaciones sobre la salud mental.
Por concluir, recogemos los resultados de un estudio sobre adolescentes huérfanos en Tanzania que rescata factores de protección alineados con las recomendaciones de la OMS que son promotores de la esperanza, la felicidad y la salud: relaciones comunitarias sólidas, autoestima y autonomía. Estos factores se pueden abordar en programas de intervención destinados a fomentar el bienestar mental de los adolescentes. ¡Un maravilloso ejemplo de éxito es el club de valientes violencia cero!
