El incidente racista en el partido de fútbol entre España y Egipto fue tan contradictorio que el ataque ignoraba la propia composición de la selección española. Lamine Yamal (una de las grandes estrellas de «La Roja»), Ansu Fati, Adama Traoré o Alejandro Balde son musulmanes. En un momento del partido, desde un sector de la grada, comenzó a resonar una consigna: «Musulmán el que no bote». El propio jugador Lamine fue contundente al declarar que este tipo de cánticos demuestran una profunda ignorancia sobre la realidad social actual del país:

«Usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas

Yamal es el reflejo de un contexto que no es nuevo: el barrio de Rocafonda, en Mataró. Allí, la multiculturalidad es un hecho cotidiano desde mediados de los años 90. No es fruto del azar, sino de años de políticas educativas y sociales orientadas a la normalización de la diversidad. En barrios de Mataró con más porcentaje de población inmigrante, como Rocafonda o Cerdanyola, la respuesta no ha sido la segregación, sino la apuesta por modelos educativos transformadores.

Esos incidentes solo se superan cuando, además de hablar del racismo, se implementan actuaciones basadas en evidencia científica de impacto social que lo sustituyen por convivencia. Varias escuelas de estos barrios (como Germanes Bertomeu, Joan Coromines o Camí del Cros) han apostado por convertirse en comunidades de aprendizaje. Este modelo educativo se basa en principios como la «igualdad de diferencias«: la diversidad no se tolera como un mal menor, sino que se celebra como una riqueza que contribuye al éxito de todo el alumnado. En estos centros se implementan actuaciones educativas de éxito, es decir, estrategias avaladas por la comunidad científica internacional por su impacto social.

Un ejemplo claro es el club de valientes violencia 0, con el que se trabaja la tolerancia cero a la violencia desde los cero años. Los datos disponibles, incluidos los de la propia escuela Camí del Cros, muestran resultados drásticos: una reducción de las agresiones físicas a cero y una disminución significativa del acoso verbal y el bullying. También en los grupos interactivos y en las tertulias literarias dialógicas se normalizan todas las identidades (cristiana, musulmana, evangélica, atea, etc.) no mediante un discurso vacío, sino a través de una convivencia dialógica que protege a la víctima y dota de protagonismo a quienes defienden la justicia y la igualdad.

De “solo la ley” a incluir también la socialización de base

Si bien es necesaria una legislación que prohíba y sancione los cánticos racistas en espacios públicos y mediáticos, las medidas reactivas tienen un impacto limitado en el comportamiento a largo plazo. La verdadera erradicación de la xenofobia requiere una socialización de base desde las edades más tempranas. Para conseguir una España diversa, tolerante y rica, hay que revertir el marcador «Xenofobia 1 – España 0». Para que episodios como el del España-Egipto no se repitan, el camino es la inclusión social real y la aplicación de evidencias educativas en la escolarización obligatoria. Solo mediante una educación que garantice el éxito y la convivencia para toda la ciudadanía, independientemente de su origen o sus creencias, podremos transformar el «ruido» de la grada en un diálogo de respeto.

Imagen: Freepik
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Profesor agregado del Área de Sociología, Universidad de Girona