Por la verdad y la reparación
En agosto de 2001 conocimos a Sara Berenguer, miembro del movimiento de Mujeres Libres en 1936, con quien fuimos creando una amistad a través de profundas conversaciones durante nuestras visitas a su casa en Montady (Béziers, Francia), así como mediante una correspondencia postal que se mantuvo hasta dos meses antes de su fallecimiento en junio de 2010. Sara Berenguer reivindicaba el legado de Francesc Ferrer i Guàrdia, destacando cómo sus aportaciones a través de la Escuela Moderna fueron una fuente de inspiración tanto para el movimiento libertario como para los proyectos educativos impulsados por Mujeres Libres. Sara denunciaba la injusta campaña de calumnias que condujo a su ejecución, una persecución que, en cierto modo, le resultaba familiar por las difamaciones y represalias que ella misma había sufrido en diversos momentos. En el prólogo del libro que escribí, Free Women (Mujeres Libres). Voices and Memories for a Libertarian Future (2011), Sara destacó esa doble dimensión:
«Se reivindican en estas páginas la persona y la obra de Francesc Ferrer i Guàrdia, por el impacto que la labor del maestro racionalista llegó a conseguir no sólo en las experiencias que más tarde se llevaron a cabo desde el movimiento libertario, que también impulsaron las Mujeres Libres, sino por la repercusión internacional que tuvo su teoría y práctica pedagógica. A la vez que se pone de manifiesto la injusta campaña de calumnias y la falsa leyenda que de él inventaron por envidias.»
El 20 de febrero de 2006 organizamos en la que fue la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona unas jornadas por el centenario del cierre de la Escuela Moderna. Esta jornada surgió desde una iniciativa que promovió Ramón Flecha como miembro de CREA, a las que se sumaron otras organizaciones entre las que se encontraban la Fundació Ferrer i Guàrdia, la Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya y el grupo de Mujeres Libres de Barcelona. La fecha de celebración no fue casual, coincidió con el cumpleaños de Jesús Gómez (profesor de la facultad y amigo íntimo de Ramón Flecha y Paulo Freire), quien en aquel momento atravesaba una grave enfermedad, iniciada poco después de la primera campaña de difamación contra CREA en 2003.
Lo primero que Paulo Freire preguntó a Ramón Flecha cuando este lo recogió en el aeropuerto en 1988, durante su visita a Barcelona, fue sobre su incomprensión ante la actitud pasiva, e incluso cómplice, de parte de la sociedad e intelectualidad catalana frente al cierre de la Escuela Moderna y el posterior fusilamiento de Ferrer. La Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia ha sido uno de los proyectos educativos que más impacto internacional ha tenido. Cientos de Escuelas Modernas se crearon en diversos países europeos, en Estados Unidos y en América Latina. Freire decía que en su ciudad en Brasil había una Escuela Moderna y en Sao Paulo al menos tres con ese mismo nombre. Ambos educadores compartían una firme defensa de la verdad y del derecho universal a la educación y al conocimiento científico, lo que los convirtió en figuras perseguidas por su pensamiento transformador.
Para la organización de la jornada de 2006, algunas personas de CREA trabajamos en la elaboración de un pequeño librito que abordaba la campaña de desprestigio contra Francesc Ferrer i Guàrdia, la cual condujo al cierre de la Escuela Moderna en 1906 y al consejo de guerra de 1909 que lo sentenciaría a muerte, acusado de ser el instigador de la Semana Trágica de Barcelona. El librito, que incluía a todas las entidades organizadoras de la jornada, fue fotocopiado y distribuido entre las personas participantes. Aún conservamos algunas copias de aquel material.
Para su elaboración, realizamos una revisión documental en la que, entre otros materiales y publicaciones, analizamos las actas del consejo de guerra. En ellas, el capitán Francisco Galcerán, un militar de ideología conservadora que asumió la defensa de Ferrer i Guàrdia, denunció la falta de justicia y de garantías a lo largo de todo el proceso. Señaló que el juicio estuvo condicionado por una campaña de difamación sin fundamento y denuncias anónimas; lamentó que no se permitiera la participación ni el testimonio de las numerosas personas de todo el mundo que manifestaban su apoyo a Ferrer. Entre sus palabras de defensa ante el consejo de guerra, Galcerán denunció:
«Esta campaña se ha dirigido principalmente contra la persona de Ferrer por odio y por temor a la educación dada a la clase obrera (…) que ha reunido en opinión enorme a los contrarios de mi defendido, y éste se encuentra en estos momentos rodeado de una atmósfera envenenada por el odio que por sí sola bastaría para acabar con una naturaleza menos acostumbrada que la suya a las injusticias de la humanidad (…) Ahí tenéis en breves palabras los elementos, que unidos por intransigencia, el egoísmo, el odio y la ingratitud, han formado este conglomerado antiferrerista que empezó por conseguir la prisión de mi defendido y continúa en estos momentos su odiosa campaña, para que quede en duda su inocencia y no pueda el día de mañana con su acción pacífica turnar sus planes y librar sus garras a los que, cada uno en su terreno, tratan de utilizar para sus fines bastardos.»
Recientemente, la plataforma Justícia per a Ferrer ha lanzado una campaña para exigir la anulación de la sentencia que lo condenó a muerte, el reconocimiento público e institucional de su legado pedagógico y humanista, y que las instituciones asuman su responsabilidad histórica, en coherencia con los principios de verdad, justicia y reparación que deben guiar toda democracia. El apoyo a esta campaña puede ser tanto a título individual o como entidad, firmando este formulario online.
[Imagen: picryl.com]
Profesora en la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona. Investigadora en actuaciones educativas de impacto social para la superación de las desigualdades sociales.
