El fracaso de Perú en PISA 2025 nos obliga a revisar críticamente nuestra política educativa que, en opinión de muchos expertos, ha debilitado progresivamente la cultura del esfuerzo y la autoridad docente. Los resultados de 2025 son cercanos a los de 2015, pero en ciencias se sitúan 9 puntos por encima de los de 2015. Ocupamos el puesto 69 en ciencias, con 406 puntos; el 66 en matemáticas, con 382, y el 61 en lectura, con 390, de un total de 91 países y economías.

Estos resultados fueron duros, sobre todo para los países en vías de desarrollo evaluados por PISA 2025, impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pese a la irrupción de la inteligencia artificial que, si no se utiliza adecuadamente, no ayuda a la comprensión lectora, al razonamiento matemático ni al pensamiento científico. Sin embargo, los países asiáticos continúan liderando el conocimiento: B-S-J-Z (China) y Singapur fueron los países con mayor rendimiento global, y Estonia, Japón, Corea, Macao, Chinese Taipei y Reino Unido estuvieron entre los diez primeros en las tres áreas. Este fenómeno nos invita a estudiar los sistemas educativos de estos países.

Seguramente, estos resultados responden a múltiples factores, pero en este artículo me abocaré a auscultar una de las fortalezas educativas asiáticas: una cultura basada en la disciplina, el esfuerzo, la valoración del maestro y el respeto de los estudiantes y la comunidad hacia la autoridad docente. Estos principios deberían ser considerados por el Gobierno peruano como parte de su política educativa.

En Perú, así como en muchos países, el maestro ha sido relegado progresivamente como un profesional de segundo nivel. Si llama la atención con severidad a un estudiante, puede enfrentar llamadas de atención e incluso procesos administrativos. Si eleva la exigencia académica o asigna más tareas, muchas familias suelen reclamar. Pese a ello, estamos obligados a centrarnos en mejorar los aprendizajes, las competencias, el desempeño, los conocimientos aplicados y la resolución de problemas que evalúa PISA en un mundo donde el conocimiento es el pilar del progreso.

Cuando no existe exigencia, toda corrección se interpreta como presión y el estudiante puede quejarse por cualquier pequeñez; la autoridad pedagógica se debilita y el aprendizaje desaparece. PISA 2025 ha abierto debates en todo el mundo, pero miremos sus resultados como un espejo: necesitamos practicar la cultura del esfuerzo y la disciplina, recuperando la autoridad pedagógica docente como el estratega del aprendizaje.

 

Imagen: Magnific

 

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Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) y máster en Ciencias pedagógicas por la Universidad de La Habana. Profesor de postgrado en varias universidades desde el 2015. Miembro del Comité científico en varias revistas científicas indexadas y coautor de artículos en Scopus, Scielo y Latindex.