El mundo se está preparando para un fenómeno de El Niño potencialmente intenso, un fenómeno climático que puede alterar los patrones de precipitaciones y aumentar el riesgo de sequías, inundaciones y calor extremo en diferentes partes del mundo. El 21 de octubre, las Naciones Unidas hicieron un llamamiento urgente para proteger a las comunidades más vulnerables frente a sus consecuencias potencialmente devastadoras.
Como ya informó Daily 27 en «La temperatura de la superficie del mar y la de los océanos alcanzaron nuevos máximos históricos en 2024», del científico climático Kevin Trenberth, los océanos del mundo continuaron alcanzando temperaturas récord en 2024, incluso cuando las condiciones de El Niño se debilitaron. Una investigación publicada en Advances in Atmospheric Sciences confirmó que tanto las temperaturas globales de la superficie del mar como el contenido de calor de los océanos alcanzaron máximos históricos ese año. Aunque El Niño contribuye a la variabilidad climática natural, la acumulación continuada de calor en los océanos también refleja el calentamiento global a largo plazo causado por la actividad humana.
Estos impactos no afectan a todas las personas por igual. Las sequías pueden amenazar la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable, mientras que las inundaciones pueden dañar viviendas, escuelas e instalaciones sanitarias. En el caso de la infancia, las consecuencias pueden ir más allá del peligro inmediato e interrumpir la educación, la salud y el acceso a los apoyos esenciales. Prepararse para estos riesgos significa proteger los servicios y las relaciones de los que dependen los niños y las niñas antes de que se produzca el desastre.
Las consecuencias de El Niño pueden durar años
Los efectos de El Niño pueden persistir mucho después de que el propio fenómeno climático haya terminado. Un estudio publicado en Nature Climate Change en enero de 2026, titulado «Impactos duraderos de El Niño en la esperanza de vida en climas pasados y futuros», analiza cómo El Niño puede socavar las mejoras en la esperanza de vida y afectar a la mortalidad a lo largo del tiempo. Los investigadores identifican una vulnerabilidad particular entre las personas menores de 30 años, y destacan la importancia de tener en cuenta las consecuencias a largo plazo de la variabilidad climática para las generaciones más jóvenes.
Estas evidencias refuerzan la necesidad de ir más allá de las respuestas inmediatas ante las emergencias. Proteger a los niños, las niñas y los jóvenes requiere sistemas resilientes de atención sanitaria, nutrición, educación y apoyo social, capaces de resistir las perturbaciones relacionadas con el clima y ayudar a las comunidades a recuperarse.
Lo que la DANA de Valencia puede enseñarnos
Las investigaciones realizadas después de las devastadoras inundaciones provocadas por la DANA en Valencia el 29 de octubre de 2024 ofrecen enseñanzas prácticas sobre cómo pueden proteger las escuelas a la infancia durante las emergencias.
Publicado en Sustainability en 2025, el estudio científico «Cocreación de acciones educativas para proteger a los niños tras las inundaciones provocadas por la DANA en España» reunió a investigadores y profesionales de la educación de 18 centros escolares para desarrollar seis actuaciones basadas en evidencias. Entre ellas se encontraban identificar las necesidades de las comunidades educativas, crear entornos de aprendizaje seguros, fortalecer las redes de solidaridad y proporcionar apoyo específico a los grupos vulnerables.
El estudio documenta cómo se desarrollaron estas actuaciones de manera colaborativa y su aplicación inicial tras la catástrofe. Aunque sus efectos a largo plazo requieren una evaluación más amplia, los resultados ofrecen orientaciones prácticas para reforzar el papel de las escuelas en la protección de la infancia y en el apoyo a la recuperación de las comunidades.
Como se explica en «Seis actuaciones clave para las escuelas ante una DANA», las comunidades educativas pueden utilizar estas enseñanzas para prepararse ante las emergencias, en lugar de tener que improvisar su respuesta cuando se produce una crisis.
Convertir las evidencias en prevención
El Niño y una DANA son fenómenos climáticos diferentes, pero ambos ponen de manifiesto la importancia de la preparación. Las escuelas pueden establecer redes de comunicación, identificar al alumnado y a las familias vulnerables, planificar cómo mantener entornos de aprendizaje seguros y coordinarse con los servicios locales. Los gobiernos también deben garantizar que existan sistemas de alerta temprana y planes de emergencia, y que los servicios esenciales puedan seguir funcionando.
La investigación científica puede ayudar a identificar los riesgos, mientras que las comunidades educativas pueden convertir ese conocimiento en medidas prácticas para proteger a la infancia. El reto consiste en garantizar que estas evidencias orienten los planes de prevención antes de que se produzcan las emergencias.
El Niño es un fenómeno natural, pero sus consecuencias están condicionadas por las desigualdades sociales y la capacidad de las instituciones para responder. Proteger a la infancia empieza antes de que se produzca el desastre: utilizando las evidencias disponibles, fortaleciendo las comunidades y garantizando que quienes se encuentran en mayor situación de riesgo no se queden sin apoyo.
Este articulo fue publicado en Daily27 el 22 de octubre de 2026
Imagen: Magnific
Maestra de educación infantil. Dra. en Sociología por la Universitat de Barcelona
