Que la sociedad y los gobiernos dediquen más o menos recursos a la educación depende en gran parte de si es percibida como gasto o como inversión. Las teorías que afirman que la educación no transforma la sociedad (y quienes siguen esas teorías) fomentan eficazmente que sea considerada un gasto y, por tanto, reciba pocos recursos.

Ya en 1966 el Informe Coleman, diciendo que la educación no aumentaba la igualdad, tuvo el impacto social de facilitar el recorte de la financiación educativa. Desgraciadamente, hay profesorado que cae en esa trampa y hace afirmaciones como que los resultados educativos dependen del nivel socioeconómico; de esa forma se legitima afirmar que es inútil invertir en las escuelas, que más vale dedicar esos recursos, por ejemplo, a la economía.

Quienes sí queremos que se aumenten los recursos leemos, comentamos y divulgamos las teorías de mayor calidad intelectual y científica. Esas teorías son las que demuestran que la educación sí tiene una gran influencia en las vidas de sus estudiantes, incluyendo su futuro nivel socioeconómico. Una de las formas más eficaces de demostrarlo es visibilizando las escuelas que logran las mayores mejoras. Y un factor muy importante es que la mayoría de familias de esas escuelas son las que defienden que la educación es una inversión. Así queda claro que no es simplemente una reivindicación corporativa del profesorado, sino una gran mejora social.

Imagen: Magnific
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Graduada en psicología en la Universitat de València e investigadora predoctoral en la Universitat de Barcelona