En los últimos años, el debate sobre la calidad y la ética en la investigación ha ganado centralidad en el ámbito académico. Y es una buena noticia. Porque sin evaluación rigurosa, sin evidencias y sin rendición de cuentas, no hay ciencia sólida, del mismo modo que, como ocurre en educación, no hay mejora real sin medir resultados. En un contexto en el que, como señalaba recientemente un artículo sobre educación, abundan discursos sin evaluación y sin evidencia, la defensa de criterios rigurosos se vuelve aún más urgente.

Sin embargo, junto a este avance necesario, también han emergido fenómenos preocupantes: iniciativas que, bajo el paraguas de la “integridad científica”, operan al margen de los estándares básicos de validación académica. Son espacios que emiten acusaciones sin procedimientos transparentes y sin posibilidad de contraste.

El problema no es solo su existencia. En ciencia, como en cualquier ámbito, siempre habrá posiciones marginales o no validadas. El problema surge cuando estas voces son amplificadas por instituciones que sí tienen legitimidad científica. Es aquí donde la comparación con el terraplanismo resulta inevitable. Nadie en la comunidad científica debate seriamente si la Tierra es plana; no por falta de pluralismo, sino porque existen evidencias abrumadoras en sentido contrario. Por ello, dar el mismo estatus a afirmaciones sin base empírica que a conocimiento validado no es apertura, es desinformación.

Algo similar ocurre cuando plataformas sin reconocimiento académico se presentan como referentes de integridad. Es el caso de la autodenominada Oficina Española de Integridad en la Investigación, con un nombre que induce al error de creer en su legitimidad y dirigida por personas involucradas en casos documentados de mala praxis en el ámbito científico internacional. La consecuencia no es una mayor exigencia ética, sino su contrario: la erosión de los mecanismos que realmente garantizan la calidad científica. La integridad científica no puede construirse sobre opiniones, rumores o intereses. Se construye, como la propia ciencia, sobre datos, procedimientos verificables y responsabilidad institucional. Todo lo demás, por muy bien que se presente, se parece demasiado al terraplanismo.

Imagen: Freepik
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Profesora Lectora de Sociología (Universidad de Barcelona)