En un tema tan delicado y crucial para la vida del alumnado, es imprescindible que elijamos muy bien y con conocimiento de causa nuestros referentes en el tema de bullying. Hay un consenso casi universal en que la infancia y adolescencia, en temas de valores, aprenden más lo que hacemos que lo que decimos.

Una de las prácticas que más fomenta la violencia escolar es que se disfracen como «referentes de la investigación sobre escuelas libres de bullying» quienes en su propio contexto universitario lo ejercen, defienden a los que lo ejercen o miran para otro lado.

Uno de los requisitos imprescindibles para erradicar o disminuir el bullying es que los referentes hayan siempre actuado a favor de toda víctima en sus propios contextos académicos. Por supuesto, quienes han agredido o apoyado activa o pasivamente agresiones en alguna ocasión pueden rectificar realizando las acciones concretadas por las evidencias científicas internacionales y las normas institucionales. Tienen que reconocer lo que han hecho, pedir perdón, reparar en lo posible el daño a las víctimas y poner los mecanismos para no volverlo a hacer. Salvo una pequeña minoría, quienes agreden no hacen esas acciones hasta que la colectividad deja muy claro, no solo con palabras sino también con acciones, que no se lo van a consentir. Ponerles de referentes antes de que hayan realizado esas acciones fomenta el bullying y, más todavía, si se les pone de referentes para la superación del bullying y para avanzar hacia escuelas seguras, es decir, con violencia cero.

[Foto de Anita Monteiro en Unsplash]
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Cofundadora de Me Too Schools. Profesora universitaria y titulada de Conservatorio Superior en música.