La pequeña parte de la educación sexual que se basa en las evidencias científicas de impacto social en lugar de bulos, y en la libertad en lugar de en coacciones, deja claro que la gran mayoría de ligues de la marcha nocturna y de otros ambientes no son el paraíso de la libertad que aumenta el placer y bienestar, sino una sumisión a recibir un desprecio que tiene consecuencias nefastas durante toda la vida. Entre otras consecuencias, destacan los problemas para la salud mental y física, la incapacitación para el placer sexual sustituyéndolo por el “placer” de la sumisión, la excitación por hacer y recibir el mal en lugar de los sentimientos.

Esos ligues son el reino de la selva donde se practica la destrucción y la autodestrucción. La destrucción porque a la gran mayoría no le importa si el partner ocasional está así engañando a su pareja, si le pega, o si ha violado a alguien esa misma noche; incluso hay bastantes a quienes “excita” más si está engañando así a su pareja. Autodestrucción porque la mayoría va a recibir desprecio de la persona con la que ha tenido el ligue y de sus “amistades” presenciales o virtuales durante toda su vida, un desprecio que se extiende a su entorno.

Destrucción y autodestrucción generan adicción que no es fácil de superar (como tampoco lo es la del tabaco o la heroína), y es imposible si no se sabe que se tiene. Hay chicos despreciativos que reconocen que no se excitan si la chica no tiene novio o si no la consideran una «guarra». Esa adicción, si no se supera del todo, mantiene siempre unas ganas de destrozar o ensuciar las mejores relaciones y personas. Mientras adolescentes reciben una educación de valores basada en no hacer el mal se socializan en los ligues en que lo excitante es lo malo; mientras reciben una educación orientada a mejorar su salud, sus vidas y sus relaciones, se socializan en los ligues en la incapacidad para no destruir las relaciones que generan esas mejoras.

La educación de calidad, la basada en evidencias científicas de impacto social, logra una excelente prevención de esas relaciones tóxicas y también una superación de las consecuencias de las que antes se tuvo. Si no se supera del todo, esa socialización en la destrucción de lo mejor queda dentro como la humedad en una pared, que siempre acaba saliendo, ensuciando las vidas y las personas.

[Imagen: Freepik]
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