El miércoles 7 de octubre de 2020, Jennifer Doudna fue galardonada con el premio Nobel de Química compartido con Emmanuelle Charpentier. El premio se les otorga por el desarrollo de “un método de edición de genes”, con “una herramienta para reescribir el código de la vida”, dijo el jurado en Estocolmo.

Jennifer Doudna explica que esta revolucionaria herramienta de ingeniería genética nos ha brindado una oportunidad monumental para curar enfermedades genéticas y al mismo tiempo nos obliga a lidiar con difíciles dilemas morales. Con mucha valentía, no esconde estos miedos que despiertan sus investigaciones, los saca a la luz y los comparte del mismo modo que sus avances científicos, y opta por un uso ético de la ciencia. Como ocurre en diferentes ámbitos de las investigaciones científicas sociales, mucha gente ya se ha posicionado, y ha reclamado esta necesidad de ética.

«Hay tres grandes áreas en las que creo que tenemos que evaluar muy proactivamente los límites éticos. Una es la ya mencionada de los embriones humanos. Otra es la agricultura, las plantas. Tenemos que entender cómo esta tecnología podría afectar a los cultivos e interactuar con los ecosistemas. Y el tercer ámbito es lo que se denomina “gene drive”, que es usar la edición genética para introducir un rasgo genético en una población muy rápidamente. Por ejemplo, en insectos. La tecnología CRISPR ya está siendo usada en laboratorio para crear mosquitos que sean incapaces de propagar cierto tipo de enfermedades como malaria. Esto puede ser muy importante para detener esta plaga, pero también tener un impacto ambiental. Así que necesitamos un mayor conocimiento sobre el poder de esta herramienta y la mejor manera de regularla.»

En esta línea y para ser coherente con su preocupación, la profesora ayudó a establecer el Consejo de Administración del Instituto de Genómica Innovadora de Berkeley, en California (Estados Unidos), del que es actualmente presidenta y directora. El instituto ha asumido el compromiso de fomentar la comprensión de las tecnologías genómicas por parte de la población, proporcionar recursos a la comunidad en general y servir de modelo para la utilización ética de dichas tecnologías.

Estos debates son importantes para poder hablar en el aula, es importante que nuestro alumnado tenga opinión y voz en temas importantes, que se impliquen en los aspectos vitales de nuestra sociedad, que puedan argumentar con solidez en temas sociales, ecológicos, genéticos… y que puedan ver cómo incluso referentes científicos internacionales como el caso de Jennifer Doudna tienen serios debates internos sobre sus avances e investigaciones, que cuando se sigue trabajando y dando pasos adelante es bajo argumentos, reflexiones profundas y una gran esperanza, con claves muy parecidas a la esperanza puesta en práctica en nuestros centros. Doudna siempre argumenta en diferentes entrevistas que sus temores se disipan bajo una firme creencia: 

«Habrá que confiar en la responsabilidad de la comunidad científica y también en el trabajo de las distintas agencias reguladoras de los países.»

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[Imagen: Flickr]

Por Zaida Mas

Maestra de infantil y primaria