En diferentes artículos de este periódico hemos hablado de cómo la escuela puede contribuir a la superación de desigualdades y de la importancia de no segregar al alumnado. En 2015, las Naciones Unidas establecieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El primer objetivo es asegurarse de que nadie en el mundo sea pobre y el segundo, asegurarse de que nadie pase hambre.
El hambre y la alimentación no son un tema ajeno a la realidad escolar. Comer una variedad de alimentos es importante para que nuestro cuerpo crezca correctamente. Cuando una persona no come suficientes alimentos, o los tipos de alimentos necesarios, esto puede frenar su crecimiento o hacer que se sienta enferma. Los niños y las niñas con seguridad alimentaria pueden tener más éxito en la escuela y tienen más probabilidades de éxito en actividades como el deporte. El concepto de seguridad alimentaria (sobre el cual podemos leer con niños y niñas en este artículo de acceso abierto) supone que todas las personas puedan disponer siempre de alimentos suficientes, seguros, saludables y culturalmente aceptables.
Tal como podemos leer en el mismo artículo: «El mundo no tiene seguridad alimentaria. Casi una de cada diez personas se va a dormir con hambre. Aproximadamente tres de cada diez personas sufren inseguridad alimentaria y no tienen suficiente dinero para comprar alimentos saludables». Aunque más de la mitad de las personas que padecen hambre se encuentran en Asia, África tiene la proporción más alta de población que sufre inseguridad alimentaria y las zonas en conflicto están en una situación urgente de hambre (Sudán, Mali, Gaza…). También en nuestras escuelas podemos encontrar casos concretos entre nuestro alumnado que necesitan, por diferentes motivos y situaciones, mejorar su alimentación para estar realmente sanos. Nosotras y nosotros, como docentes, podemos detectar estos casos y ayudar a ponerlos en contacto con las diferentes instituciones para tratar de encontrar ayudas, becas y opciones que mejoren estas situaciones.
Por otro lado, es importante que nuestro alumnado conozca la importancia de una alimentación sana, equilibrada y completa, así como una serie de consejos que se ofrecen al final del artículo y que les animan a llevar fuera del aula, dando sentido a los aprendizajes académicos:
- Comenzar educando a los adultos sobre las opciones de alimentos más saludables
- Ayudar a reducir el desperdicio de alimentos en casa, por ejemplo, manteniendo los alimentos que se estropean rápidamente en la parte delantera de la nevera para consumirlos primero, o congelando los alimentos que están a punto de estropearse
- Donar el exceso de alimentos a despensas locales
- Probar nuevos alimentos saludables
La escuela, desde las aulas, el desayuno y los comedores escolares, tiene mucho que aportar para reducir el hambre en el mundo y mejorar la seguridad alimentaria. Actuando y proporcionando herramientas y conocimientos a nuestro alumnado y a las familias, estaremos contribuyendo en el ámbito local y generando un impacto global.
Imagen: Freepik
Maestra de infantil y primaria
