El Día Mundial de la Solidaridad, celebrado el día 20 de diciembre, se hará patente en muchas escuelas. En muchas de ellas, será en forma de actos que se realizan anualmente como recordatorio e iniciativa de fomentar la solidaridad utilizando un lenguaje de la ética, pero no del deseo. En otras escuelas, donde se aplican las evidencias científicas de impacto social, la solidaridad se practica día a día con actuaciones donde el alumnado aprende el contenido curricular a la vez que trabaja solidariamente y se utiliza un lenguaje del deseo hacia quienes se comportan más solidariamente. Siguiendo la literatura científica, sabemos que la diferencia entre estos dos tipos de celebraciones de este día mundial variará notablemente los resultados obtenidos.

Lo mismo ocurre en el ámbito de la investigación educativa. Hasta ahora, se ha presentado la solidaridad muy ligada a un lenguaje de la ética que presenta ser solidario o solidaria como lo conveniente, lo bueno, pero no siempre lo deseable. Por ejemplo, hay personas investigadoras muy solidarias que han sido denostadas, como de menos nivel científico, precisamente por esa actitud, argumentando que la ciencia requiere de una objetividad que solo se consigue con la distancia. Aquel personal investigador que invertía tiempo libre en hacer algún voluntariado que mejoraba los resultados del alumnado de manera solidaria era tachado de “poco serio” o con frases tan clasistas como ser “amigos de los pobres”.

Sin embargo, estas tendencias están cambiando cuando el impacto social es ahora el foco de los principales programas de investigación o incluso de agencias de evaluación del profesorado universitario español. Las personas investigadoras tienen ahora que dar cuenta del impacto social que han obtenido con sus investigaciones. Aquellas que han trasladado los resultados científicamente validados de impacto social de sus investigaciones en entornos educativos concretos tienen, sin duda, una mayor ventaja en esta tarea.

Estamos en el mejor momento de la historia, en que la solidaridad es cada vez más valorada a nivel científico y social. Este cambio mejorará las escuelas, la ciencia y, en definitiva, la sociedad, haciéndola cada día más solidaria, mostrando que serlo no solo es “bueno”, sino también atractivo.

[Imagen: Unsplash]

Por Ane Lopez de Aguileta

Codirectora de Kaiera (kaiera.eus)