La infancia crece hoy rodeada de “juguetes rotos”: políticos que hacen lo contrario a lo que prometen, deportistas millonarios que evaden impuestos, artistas que acosan, intelectuales que difunden bulos. La pérdida de sentido que así carcome las bases de cualquier educación de calidad en valores y sentimientos aumenta mucho cuando personas adultas miran hacia arriba y ponen en un pedestal a las personas que ya  están arriba. Hay familiares y profesionales que quieren educar en valores éticos y fomentan la adoración a personajes que mienten o roban o acosan.

Esa destrucción de la educación se justifica frecuentemente con mentiras que se repiten muchas veces y con bulos. Algunas de ellas suelen expresarse con frases como “no hay blanco ni negro, las cosas tienen tonalidades grises”; “no hay buenos ni malos, nadie es perfecto”; “mis imperfecciones forman parte de mí”; “ya no sabes con qué referentes quedarte, hasta quien parecía mejor ha hecho cosas impresentables”. Esas afirmaciones y actitudes tienen un impacto muy negativo en la educación, las relaciones y la salud de la infancia.

La buena noticia es que ese problema tiene solución fácil, rápida y gratuita. Hay trayectorias de vida ejemplares que nunca, ni una sola vez, han robado ni acosado ni han tenido ningún comportamiento contrario a los valores y sentimientos en los que todo el mundo dice que hay que educar. La solución es tan sencilla como sustituir aquellos malos referentes por otros que den a conocer a la infancia que no solo es posible no tener esos comportamientos, sino que hay muchísimas y muy diversas personas que no los han tenido nunca.

Por Ramón Flecha

Catedrático Emérito de la Universidad de Barcelona. Investigador número 1 del ranking científico internacional Google Scholar en las categorías de "gender violence" y "social impact" (violencia de género e impacto social, respectivamente).