Parece que, cuando hablamos de inclusión, el foco siempre recae sobre el alumnado que presenta graves barreras de aprendizaje o la infancia que pertenece a un grupo socioeconómico con grandes dificultades. En cambio, el objeto de debate de la inclusión educativa de mayor éxito debería centrarse en la creación de un espacio educativo y de convivencia en el que se den las mejores oportunidades para todos y todas. En este espacio inclusivo de máximos, debemos tener presentes tres factores claves de éxito que han ido aportando diversos autores y autoras a lo largo de los años: la interacción, el diálogo y la intersubjetividad.

Contamos con diversos estudios que nos aportan argumentos en torno a los beneficios que supone incluir a alumnado con barreras de aprendizaje en entornos inclusivos. Se consiguen hitos como mejoras académicas, sociales, de acceso al empleo, desarrollo de relaciones personales dentro de la comunidad… Pero ¿qué ocurre si solamente centramos los estudios en inclusión en el alumnado que presenta más necesidades? ¿No estamos obviando el impacto que tiene para otros colectivos? Puede que no estemos dando una definición realmente democrática de la inclusión si no todos y todas están presentes.

En el artículo “How Inclusive Interactive Learning Environments Benefit Students Without Special Needs”, publicado en la revista científica de primer nivel Frontiers in Psychology, el objetivo es analizar el impacto en el alumnado sin NEE (necesidades educativas especiales) de ser educados con estudiantes con NEE en entornos de aprendizaje compartidos, inclusivos e interactivos.

Este artículo, además de darnos incontables argumentos de estudios anteriores, se centra en los beneficios del alumnado sin NEE en su participación dentro de actuaciones educativas de éxito (AEE) en un entorno inclusivo. En concreto, grupos interactivos (GI) y tertulias literarias dialógicas (TLD). Los GI son la mejor forma de organización de aula hasta el momento, con los máximos aprendizajes y resultados en convivencia. Las TLD nos aportan la mejor interpretación de los libros clásicos a través de la construcción colectiva de significado, aportando grandes beneficios en entornos lectores y mejorando la convivencia en nuestras aulas. 

Con los resultados del estudio analizados, se demuestra que los estudiantes sin NEE pueden beneficiarse de participar en entornos de aprendizaje interactivos (GI y TLD) con compañeros con NEE en diferentes formas: construyendo actitudes positivas hacia la diversidad, mejorando sus habilidades sociales (a medida que aprenden sobre habilidades relacionadas con ayudar a otros a participar), mejorando el aprendizaje académico y fomentando el desarrollo cognitivo. Es importante destacar que no se han encontrado impactos negativos para ningún grupo de estudiantes.

Compartiendo actividades, el alumnado normotípico es capaz de aprender más en relación a la diversidad. Entienden que, a pesar de que puedan necesitar apoyos o materiales extra o diferentes, todos son capaces de realizar las actividades. Es más; los mejores resultados de aprendizaje se consiguen compartiendo habilidades a través de la ayuda mutua, ya que son conscientes de que el alumnado con barreras también contribuye al aprendizaje de los demás, lo que refuerza el cambio de expectativas y la superación de prejuicios. Los niños con NEE pueden sorprender con sus preguntas, respuestas y aportes, generando nuevas oportunidades de aprendizaje.

El alumnado sin dificultades de aprendizaje descubre que puede marcar una gran diferencia a nivel social y de aprendizaje para el alumnado que sí presenta dificultades. Descubrir cuáles son esas dificultades y darles el apoyo necesario para solventarlas, buscando la participación de todo el alumnado en las actividades, requiere un esfuerzo metacognitivo enorme, de manera que refuerzan su aprendizaje. Por otro lado, también implica descubrir las propias dificultades a la hora de intentar hacerse entender y esforzarse al máximo para conseguirlo. 

 “Y, cuando le ayudas y ves que lo ha entendido, te sientes satisfecho” 

“Cuando ayudo a Joan o incluso cuando Joan me ayuda más, me siento más realizado conmigo mismo, más feliz” 

“Y una de las razones por las que me encanta venir a la escuela es tener la sonrisa de José todas las mañanas (…) y es algo que no cambio por nada del mundo”

Este artículo aporta voces del propio alumnado y nos carga de argumentos para seguir creando espacios inclusivos en los diferentes entornos educativos. Nos demuestra los grandes beneficios que supone para el alumnado que no presenta barreras de aprendizaje. Este alumnado, además, será el motor de cambio para crear una sociedad más justa e inclusiva. Si han compartido espacios y aprendizajes con personas diversas y se han beneficiado de ello, probablemente den cabida a todo tipo de personas en los diferentes ámbitos a lo largo de sus vidas. Esto nos permite soñar y caminar hacia un mundo donde todos y todas tengamos cabida. 

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Por Irene López

Maestra de primaria y pedagogía terapéutica. Colegio Trenc d'Alba (Jávea)