Durante mis estudios, escuché que una de las ventajas de las intervenciones psicológicas era que “las palabras no tienen efectos secundarios”.

Sin embargo, esta idea —según la cual, como profesionales, podemos intervenir mediante las palabras de cualquier manera— sigue presente en algunas prácticas orientadas a “tratar la salud mental”, con consecuencias muy negativas para quienes sufren y buscan ayuda. Por supuesto, existen profesionales de la psicología y de otros ámbitos que basan su trabajo en aquello que ha sido científicamente demostrado que mejora la salud mental y contribuye a mejorar la vida de las personas.

La salud mental es una de las principales preocupaciones actuales. En los últimos años se han intensificado los esfuerzos para prevenir y abordar las dificultades de salud mental. Por ello, es esencial preguntarnos qué tipo de intervenciones estamos promoviendo y cuáles de ellas son realmente beneficiosas. Sabemos que las palabras que decimos y escuchamos, las que compartimos y construimos colectivamente, tienen un impacto en la salud mental. Creo que la mayoría de las personas puede recordar palabras que afectaron a su salud mental, tanto positiva como negativamente.

Por ejemplo, la evidencia científica ha identificado el discurso coercitivo dominante como un discurso que impone la idea de que las masculinidades y las relaciones caracterizadas por el abuso, la dominación y el desprecio son más atractivas que las relaciones igualitarias. Este discurso socialmente construido presenta a hombres con actitudes violentas o despectivas como más deseables sexual y emocionalmente que aquellos con comportamientos igualitarios. Este tipo de discurso está presente en muchos ámbitos de la sociedad e incluso ha aparecido en contextos de intervención, donde algunas mujeres jóvenes han sido animadas a mantener relaciones con este tipo de masculinidades. La investigación sobre relaciones esporádicas despreciativas ha identificado consecuencias físicas y psicológicas significativas derivadas de estas relaciones, incluyendo autolesiones, ideación suicida o intentos de suicidio, consumo de sustancias, depresión y malestar psicológico.

Sin embargo, existen acciones basadas en el diálogo que han demostrado científicamente efectos positivos en una amplia variedad de contextos. Un ejemplo son las tertulias dialógicas, una actuación incluida dentro del modelo de diálogos de éxito en salud mental. La primera tertulia literaria dialógica realizada en un centro de atención primaria mostró mejoras en la salud mental de las personas participantes, incluyendo avances en la superación de trastornos emocionales como la depresión.

Nuestras palabras pueden contribuir al sufrimiento o pueden ayudar a superarlo. Como profesionales, tenemos la responsabilidad de garantizar que las intervenciones se basen en aquello que mejora la vida y la salud mental de las personas que buscan nuestra ayuda.

Imagen: Magnific
Este artículo fue publicado por primera vez en Daily 27 el 11 de mayo de 2026
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Graduada en psicología en la Universitat de València e investigadora predoctoral en la Universitat de Barcelona