Para continuar trabajando la prevención del abuso sexual infantil (ASI), tenemos que seguir creando espacios libres de violencia, siempre basados en evidencias científicas y dando lugar al diálogo para una formación de calidad.
En el anterior artículo de esta serie tratábamos la tertulia sobre la lectura de la Guía de Comunidades de Aprendizaje, concretamente del capítulo 3, “Modelo de Convivencia”, gracias a la asociación CSA Survivors – Science and Friendship.
En esta ocasión, la tertulia ha girado en torno al artículo científico Introducing the Neuroplastic Narrative: a non-pathologizing biological foundation for trauma-informed and adverse childhood experience aware approaches”, resaltando la plasticidad del cerebro para poder superar acontecimientos traumáticos, sin quedarnos únicamente en lo ocurrido, sino poniendo el foco en la superación.
Algunas claves que podemos extraer del artículo y de los diálogos que tuvimos son las siguientes:
- La neuroplasticidad se refiere a la capacidad de los sistemas neuronales para adaptarse y cambiar.
- Un cerebro sano es un cerebro que puede adaptarse a la experiencia.
- Siguiendo al investigador Martin Teicher, al hablar de los efectos del abuso y el maltrato infantil, se concluye que «el desarrollo cerebral está dirigido por los genes, pero moldeado por las experiencias». Se resalta aquí la importancia de rodearse de buenas amistades y personas que protejan ante cualquier adversidad, favoreciendo la construcción de una identidad como persona superviviente.
- Otros autores, entre ellos el premio Nobel Erik Kandel, concluyen que «existe una capacidad para el cambio plástico local en la estructura del cerebro humano adulto sano en respuesta a las demandas ambientales».
- Las experiencias moldean los cerebros y la fisiología de maneras que son significativas y adaptativas, y sirven a la supervivencia.
- Las experiencias repetidas de vergüenza generan una anticipación de la vergüenza, lo que puede denominarse vergüenza tóxica o crónica. Por ello, es necesario dar credibilidad y espacio a lo que nos cuenten los niños y niñas, validando siempre sus vivencias, protegiéndoles de nuevas experiencias negativas y evitando la revictimización de las personas supervivientes.
- La premisa fundamental de la narrativa neuroplástica es que las experiencias dan forma al cerebro. Por ello, las “nuevas experiencias” pueden utilizarse para sanar o mitigar el impacto de experiencias previas.
Como conclusión, es importante prestar atención al contexto de la persona que busca ayuda, prevenir más daños y ofrecer experiencias restaurativas de seguridad, confiabilidad, colaboración, empoderamiento y elección. Como nos recordaba el ya mencionado Erik Kandel, nuestro cerebro habrá cambiado un poco después de esta lectura, por lo que ahora somos más capaces de crear lugares sanos y seguros para proteger a quienes han sufrido y evitar más sufrimiento desde edades tempranas.
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Maestra de audición y lenguaje y educación infantil. Participante del seminario de Valencia "A muscles de gegants"
