Dos nuevas películas sobre La Odisea parece que van a tener mucho éxito en las salas de cine y en debates muy diversos sobre la cultura clásica y su papel en la actual sociedad dialógica. La primera de ellas ya se estrenó oficialmente ayer mismo en un número de salas muy superior al que se había previsto. No hay duda de que gran parte de esa atracción se puede ver en la frase que me ha dicho una amiga: «solo por ver al Fiennes y a la Binoche juntos ya merece la pena 🤭». También por la dirección de Uberto Pasolini, sobrino nieto de Luchino Visconti, pero sin duda es clave el avance en la superación de la promoción del mal gusto cultural.
Esta nueva ola no se hubiera producido en este momento si no fuera por el extraordinario trabajo de un número creciente de docentes en la educación del buen gusto desde las edades más tempranas. La educación en el gusto cultural es una tarea que múltiples generaciones de profesionales, familiares y movimientos sociales han realizado a lo largo de los siglos, logrando su esplendor gracias a la creación de los sistemas educativos universales con las revoluciones democráticas. Contrariamente a lo que han escrito algunos autores, ese gusto no era causado por la clase social, el nivel socioeconómico o la ideología de las familias, sino por la intervención humana en forma de acción educativa y cultural. La música clásica podía escucharse incluso por parte de ciudadanía analfabeta en numerosos edificios religiosos, incluso personas analfabetas comentaban obras clásicas en los ateneos libertarios, en las escuelas urbanas y rurales estaba muy presente La Odisea gracias a un profesorado con un gran gusto cultural.
En la segunda parte del siglo XX, el capital consumista lanzó una ofensiva contra la cultura clásica que daba muchos menos beneficios que el mal gusto cultural. Está muy claro que daban muchos más beneficios los 40 principales, cuyas canciones en la lista cambiaban constantemente, que los discos de Beethoven que duraban toda la vida. Para hacer más negocio, necesitaban desprestigiar el buen gusto, dando imagen de que era aburrido, clasista, racista y sexista. A cambio, se fomentaba el mal gusto cultural a pesar de ser no solo más feo, sino también mucho más sexista que la cultura clásica. Se criticaba como sexista La Odisea y se ponía de obligatoria lectura en centros de secundaria El Perfume, que es la exaltación de un asesino en serie de mujeres.
De nuevo, han sido docentes y familiares de todas las clases sociales, culturas, géneros, niveles socioeconómicos y niveles académicos quienes han fomentado en sus menores el gusto por la cultura clásica, el gusto por la belleza, el gusto por los valores. Así han logrado ir contracorriente de la tendencia dominante del capital consumista e incluso le han obligado a hacer un hueco él también a las mejores creaciones culturales de la humanidad.
Imagen: Ulises cegando al cíclope, World History Enciclopedia
Profesora de la Universidad de Barcelona
