Las plataformas de redes sociales suelen ser señaladas como responsables de la difusión de desinformación, discursos de odio y ataques personales. Aunque estas críticas no carecen de fundamento, es importante reconocer que los medios tradicionales —especialmente ciertos periódicos— pueden ser igual de perjudiciales e incluso, en algunos aspectos, más dañinos.

Muchos periódicos, en particular aquellos centrados en el periodismo sensacionalista, suelen abandonar los principios del periodismo ético. El sensacionalismo es una estrategia común para atraer lectores y aumentar ventas o clics. Esto implica omitir el contexto o centrarse en escándalos en lugar de en el contenido sustancial. En algunos casos, los periódicos publican información sin verificar los hechos ni consultar a todas las partes implicadas, lo cual va en contra de los valores fundamentales del periodismo.

A diferencia de usuarios anónimos en redes sociales, los periódicos cuentan con periodistas y editores profesionales. Disponen de recursos y formación que, en teoría, deberían garantizar estándares más altos. Sin embargo, cuando el objetivo pasa de informar al público a generar beneficios económicos, esos estándares pueden erosionarse rápidamente. Algunos periódicos han publicado noticias falsas o engañosas que dañan reputaciones y producen violencia de género aisladora. En estos casos, la influencia resulta más peligrosa porque proviene de una fuente supuestamente creíble.

Otro problema es la rendición de cuentas. Cuando alguien publica algo dañino en redes sociales, normalmente es fácil rastrear y criticar esa publicación. Pero cuando un periódico publica un artículo engañoso, las rectificaciones (si es que se hacen) suelen quedar enterradas en ediciones posteriores o en actualizaciones online que pocos lectores ven. El daño original permanece.

[Este artículo se publicó por primera vez en Daily 27 el 2 de julio de 2025]
[Imagen: Freepik]
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