Entramos en el último mes del curso: exámenes finales, entrega de trabajos, cierre de temarios… Además, este curso hemos perdido muchos días de clase, entre tantas otras cosas, por la DANA y las alertas de lluvia. Es posible que tanto familias como alumnado y profesorado nos sintamos sobrepasados. Pero ¿qué podemos hacer?

Según nos dicen las evidencias, no son los logros profesionales, el dinero, el ejercicio o una dieta saludable lo que más importa para la felicidad y el bienestar a largo plazo, sino que las relaciones y amistades positivas son la clave para mantenernos más felices, más sanos y ayudarnos a vivir más. Por este motivo, cuidar las relaciones entre iguales, entre el equipo docente y con las familias es muy importante cada curso, pero especialmente este año.

Esto no quiere decir que dejemos de lado el aprendizaje instrumental; al contrario, nos quedan unos días por delante que tenemos que llenar de aprendizajes, desafíos y asentamiento de todo lo que hemos aprendido este curso. Ya hemos hablado en muchas ocasiones de lo estimulante que resulta para nuestro cerebro el hecho de aprender, pero en este artículo queremos hablar del estrés que podemos vivir ante las “prisas finales”. Pues bien, si los niños y niñas que experimentan estrés tóxico tienen riesgo de sufrir problemas de salud, tenemos que saber que el centro de desarrollo infantil de Harvard explica que no todo el estrés es perjudicial. Cuando un niño tiene relaciones de apoyo con personas adultas, las respuestas tóxicas que se generan en su cuerpo ante situaciones difíciles son breves y vuelven a la normalidad rápidamente, lo cual fomenta el desarrollo de una respuesta al estrés que sea saludable y protectora. Ahora bien, el mismo centro de investigación también añade que:

«…las influencias de apoyo del entorno social de un niño pueden ayudar a calmar las respuestas al estrés y a protegerse contra las fuentes de estrés, pero las políticas que apoyan a los niños y las familias también son esenciales. Un cuidador que se enfrenta a la carencia de vivienda, la pobreza o fenómenos meteorológicos extremos impulsados por el clima, como por ejemplo inundaciones y olas de calor, que pueden dificultar el acceso a los recursos necesarios, puede experimentar sus propios niveles elevados de estrés, lo cual dificulta más proporcionar apoyo a los niños que tiene a su cargo.» 

Por este motivo tenemos que exigir políticas que cubran estas necesidades, pero sin olvidar que son las políticas de abajo arriba (bottom-up) las que mayor impacto y transformación crean. Movimientos que incluyen a todos los protagonistas, con personas en diálogo y que frente a la queja buscan soluciones. Ahora más que nunca, mirémonos, ofrezcamos ayuda, abramos las tutorías y cuidémonos, llenemos las aulas de aprendizajes, relaciones bellas y esperanza.

[Imagen: Freepik]
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Maestra de infantil y primaria