En ningún momento de la historia, un libro científico de educación había llegado a ese nivel de difusión. “La gente ya no lee libros” es una afirmación que impide entender las transformaciones que la humanidad está realizando. Ese mismo libro hubiera llegado a muchas menos personas antes de las posibilidades abiertas por internet y por la ciencia abierta.

Desde Latinoamérica se convocó una tertulia dialógica sobre el libro Guía de Comunidades de Aprendizaje, anunciando que tres de las personas coautoras iban a contestar a todas las preguntas que se hicieran (una mexicana, otra colombiana además de quien esto escribe). Las preguntas fueron muy de fondo y el diálogo generó un gran entusiasmo. Fue la profundidad científica y social la que logró el impacto y no la superficialidad, el sensacionalismo y los bulos de los típicos expertos. Una de las preguntas de un profesional senior fue sobre qué sentíamos habiendo mejorado la educación y las vidas de ya millones de personas. Otra fue por qué inicié a finales de los setenta la primera comunidad de aprendizaje.

Ambas preguntas tienen la misma respuesta. La motivación fue el contraste entre el entusiasmo y la dedicación de profesorado, familiares y alumnado, por un lado, y los bulos de la formación que recibían y que llevaba su esfuerzo a actuaciones que no mejoraban o incluso emporaban los resultados, por el otro. Las mejoras de esos ya millones de personas las hemos logrado entre una gran cantidad y variedad de personas, incluyendo quienes están cada día en su escuela consiguiendo esas mejoras y quienes estamos a su servicio realizando las investigaciones científicas que las posibilitan. La admiración es mutua y el impacto lector que se consiguió en ese encuentro aumentará significativamente la cantidad de personas que logran mejorar su educación que es la base de otras mejoras en sus vidas.

[Imagen: Hipatiapress.com, página de descarga del libro]
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