Entre nuestro alumnado tenemos jóvenes con una identidad, expresión de género u orientación sexual no normativa. El colectivo LGBTI+ surgió para dar una comunidad a quienes eran excluidos o excluidas de las suyas, por la violencia de unos cuantos y la complicidad de una mayoría. En contextos educativos, este alumnado es especialmente vulnerable a sufrir violencia por ser como son. 

El profesorado, y las personas educadoras en general, podemos promover que el alumnado LGBTI+ se sienta protegido y perteneciente al 100% en su comunidad educativa. De hecho, muchas personas ya están sensibilizadas sobre esta preocupante realidad, pero no todas saben qué funciona. Es esto lo que pretendía contribuir a resolver el proyecto europeo Up4Diversity, mediante la formación de cualquier persona educadora en bystander intervention, para que tuvieran las herramientas para promover el posicionamiento (ser upstanders) contra la violencia LGBTIfóbica. Este artículo científico, recientemente publicado en una revista de la editorial Nature, recoge evidencias cuantitativas y cualitativas del impacto de dicha formación

Se formó a más de 100 educadores y educadoras de cinco países europeos en sesiones mayoritariamente online, compartiendo evidencias científicas de impacto social a partir de los materiales formativos (disponibles también en español) que se elaboraron previamente durante el proyecto. También se hizo tertulia pedagógica dialógica de un artículo científico durante la formación. Para recoger las evidencias, se realizaron 208 encuestas en línea antes y después de la formación, y 12 entrevistas semiestructuradas.

Los resultados indican que los y las participantes aumentaron sus conocimientos y confianza, fortaleciéndose como agentes activos en la resolución de esta violencia. Los y las participantes manifestaron sentirse mejor preparados para llevar a cabo acciones upstander en sus entornos laborales en la prevención y erradicación de la violencia contra la comunidad LGTBI+. Además, expresaron un renovado interés por la ciencia después de la intervención. Son muy inspiradores los relatos de las entrevistas, que pueden leerse de manera gratuita en el artículo. Os dejamos dos citas, que dejan claro que la ilusión y los sueños necesitan de ciencia para generar impacto social:

«Ya estaba motivada, vine a la formación con el deseo de mejorar las cosas [refiriéndose a la violencia]. Por lo tanto, no podría decir que la formación realmente cambió eso. Pero sí que cambió lo que yo pensaba que era apropiado hacer.»

«La formación ayuda, y ser preventivo es muy importante. No puede depender solo de uno o dos profesores; hay que crear todo un entorno para que las cosas no se descontrolen. Todavía me pone un poco nerviosa ver una situación realmente mala y no saber exactamente qué hacer. Pero sé lo que puedo hacer en mi clase, y lo que es posible para prevenir estas cosas.»

Podemos obtener similares y mayores impactos si se replica esta formación, y la buena noticia es que eso es posible a coste cero: la mejor manera de hacerlo es en tertulia pedagógica con el claustro, con familias o con otras personas educadoras. 

[Imagen: Pexels]

Por Guillermo Legorburo

Investigador predoctoral en la Universitat Rovira i Virgili. Maestro de Educación Primaria