Hoy se celebra el Día Internacional de los Voluntarios y de las Voluntarias para reconocer y promover la incansable labor, no solo de los voluntarios y voluntarias de las Naciones Unidas, sino de los de todo el mundo. 

Tal y como dice la ONU, “si todos hiciéramos trabajos de voluntariado, el mundo sería un lugar mejor”. La educación inclusiva y de calidad es uno de los objetivos de la Agenda 2030 y para conseguirlo no debemos olvidar la importancia de la participación educativa de la comunidad dentro de los centros educativos. La forma de participación de la comunidad que da los mejores resultados se ve reflejada en el documento Actuaciones Educativas de Éxito en las Escuelas Europeas. Cuando las familias y otros miembros de la comunidad participan en las actividades de aprendizaje del alumnado, las escuelas ganan recursos, la escuela adquiere sentido para el alumnado, mejora la inclusión social y educativa, aumenta el rendimiento del alumnado, mejora la coordinación entre el hogar y la escuela y transforma las relaciones.

Muchos artículos científicos avalan cómo la participación de las familias aumenta el éxito educativo del alumnado. Pero ese voluntariado tiene nombres y apellidos; como Mina, una voluntaria marroquí que fue capaz en apenas unos días de llevar un listado de madres marroquíes dispuestas a colaborar en el centro. O Veronika, que asistiendo a grupos interactivos intuyó las dificultades con el idioma de uno de los alumnos y ofreció su ayuda incondicional, no solo como traductora, sino como la mejor de las educadoras. O M. Carmen, que se deja la comida preparada a primera hora de la mañana para poder venir a grupos interactivos siempre que puede, y que cada semana se queda unos minutos más para preguntarle las tablas de multiplicar a un alumno que no se las sabe. O Julien, que se deja el trabajo del campo para aportar todo lo que sabe, para sorprender y motivar a todos y todas con su explicación sobre las serpientes de la zona. O Simone que, a pesar de todo el trabajo que tiene, viene a la escuela consciente de la importancia que tiene para su nieto que ella participe en grupos interactivos. O María José, que traslada a su hogar todo lo que trabajamos en la escuela, muy consciente de la relevancia que tiene para la educación de sus hijos, y valora todo el trabajo que está haciendo la escuela. O Joaquina, una abuela que te hace saber lo importante que es todo lo que estamos haciendo por la educación, no solo de sus nietos, sino de todo el alumnado de la escuela.

Cuando personas como estas entran en una escuela no hacen más que enriquecer el proceso educativo y mejorar las relaciones entre la escuela y el hogar, favoreciendo un clima de solidaridad difícil de conseguir si ellas no participaran.

Sabemos que la bondad mejora la salud; seguro que su salud cada día es mejor, pero también sabemos que los alumnos y los maestros los llevaremos en nuestros pensamientos y en nuestros corazones porque ya forman parte de nuestras vidas. Hoy celebramos juntos y juntas los logros educativos y sociales que estamos consiguiendo en las escuelas en las que participa voluntariado en las actuaciones educativas de éxito.

[Imagen: Freepik]

Por Begoña Flos

Licenciada en psicopedagogía. Maestra de PT y primaria en el CRA Araboga y miembro del seminario "A hombros de gigantes" de Castellón