Cuando llegan las vacaciones, muchas personas encuentran ese momento ideal para disfrutar de la lectura como uno de los grandes placeres del tiempo de ocio. Así, el verano se presenta como una estupenda oportunidad para seguir cultivando la mente, el alma y el placer con los mejores textos creados por la humanidad, ya sea como lectura individual, compartida con nuestros hijos e hijas o para participar en alguna de las tertulias literarias dialógicas que se organizan.

De entre muchos títulos que podría citar, Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, es uno de los que elijo como propuesta de lectura veraniega, no solo por lo sugerente que resulta su título en esta época del año sino por ser una obra literaria clásica y, además, por haber sido escrita por un autor como Shakespeare.

¿Quién no ha soñado alguna vez fantasías con amores y amistades en las noches de verano? En este divertido y bonito libro encontraremos una muy actual historia que seguro que nos recuerda a vivencias que forman parte de nuestras vidas y recuerdos. Además, iremos descubriendo una gran riqueza de vocabulario, expresiones y temas profundos que abarcan sentimientos universalmente valorados que conectan con nuestras preocupaciones o con nuestros sueños. Precisamente esto nos puede enriquecer intelectual y sentimentalmente mientras disfrutamos del relato.

En concreto, en Sueño de una noche de verano, la cantidad de vocabulario culto y bello que aparece es fascinante, aunque me resulta aún mucho más interesante la forma en la que se manifiestan hechos, sentimientos y emociones, perfectamente entendibles, mediante el doble sentido, la metáfora, la ironía, etc. Además, el tono jovial, cómico y de fantasía que marca la trama hace de este texto teatral un libro divertido y rápido de leer en el que al mismo tiempo se pueden entrever temas tan profundos como el amor, la amistad, el respeto… frente a otros como la insolidaridad femenina, la rivalidad, el enredo… lo cual invita a reflexionar sobre todo ello. 

Leerlo con nuestros hijos e hijas, tanto de primaria como de secundaria, nos permite entablar diálogos alrededor de temas que en ocasiones, de otro modo, se nos hace difícil abordar. Además, al conversar con ellos y ellas, afianzamos nuestros vínculos, nos conocemos un poco mejor y les sirve para estar más preparados ante las adversidades que les depara la vida, ante las interacciones que tienen en otros entornos menos seguros, aprendiendo a estar atentos y atentas, a saber elegir y leer o prever situaciones desagradables, porque el mero de hecho de debatirlo puede ser un factor de protección.

Sin más, ¡os invito a descubrir Sueño de una noche de verano! 

 [Imagen Freepik]

Por Elísabet Gómez

Maestra de educación infantil y primaria