En ocasiones escuchamos que el alumnado tiene que ser autónomo y que si recibe ayuda para realizar una tarea es en detrimento de esa autonomía. Suele ocurrir que un alumno o alumna solicita ayuda para resolver un problema o para contestar a preguntas de comprensión lectora y se le dice en repetidas ocasiones que lo vuelva a leer. Lo que puede suceder es lo que nos ha pasado a algunas personas cuando no sabíamos hacer algo: que no aprendíamos a resolverlo de la manera correcta, bien porque no lo conseguíamos individualmente o porque lo resolvíamos pero de forma incorrecta. La ciencia ha demostrado hace décadas que el diálogo es una herramienta poderosa para que la educación sea transformadora y no reproductora de las desigualdades. 

La psicología educativa dio un giro en cómo se entendían los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje y el desarrollo: pasó de un enfoque individualista, que ponía el énfasis en los esquemas mentales del conocimiento previo y el procesamiento de la información, a un enfoque comunicativo, que tiene en cuenta que la cultura, la intersubjetividad y el diálogo son cruciales para el aprendizaje y el desarrollo. Una de las implicaciones de estos avances que deberían llegar a las aulas es que, por una parte, debemos desterrar la idea de que se aprende de forma individual. Por otra parte, tenemos que incorporar en la enseñanza la idea de que el aprendizaje es intersubjetivo; es decir, se produce primero a nivel social y luego a nivel individual, tal como ya demostró Vygotsky. 

Si tenemos en cuenta las evidencias científicas, deberíamos promover entornos dialógicos de aprendizaje en los que las personas adultas y el alumnado construyan significados conjuntamente; donde piensen juntos, de forma que un alumno o alumna que no sepa realizar una tarea siempre tenga la ayuda de otra persona que le ofrezca ese andamiaje, a través de pistas o explicaciones; que le permitan hacer con ayuda lo que solo o sola aún no es capaz de hacer. De esta forma se generarán más oportunidades de aprendizaje, potenciando múltiples interacciones sociales entre iguales y con los adultos, beneficiando el desarrollo y los resultados académicos de todo el alumnado. 

Si el lenguaje es la herramienta más poderosa para pensar, aprender y desarrollarse, la educación en cualquier etapa educativa no puede darle la espalda pretendiendo que el alumnado “aprenda solo y en silencio”, si deseamos el logro académico de todos y todas sin excepción y superar el fracaso escolar. 

[Imagen: aula de tercero de primaria]

Por Sara Carbonell

Maestra de educación especial y primaria. Directora del CEIP L’Escolaica. Profesora asociada de la Universitat Rovira i Virgili. Sus líneas de investigación incluyen las Actuaciones Educativas de Éxito, la socialización preventiva de la violencia de género en las escuelas y la prevención de la violencia desde las primeras edades.