«Estoy tan orgulloso de ti. Ese señor de ahí, que es importantísimo, que no es un payo, que es de mi familia. Ese señor tan importante ha dormido en mi casa en un sillón. Lo mismo estás en las alturas que te bajas al nivel más bajo donde no hay nada.»
Las palabras de este gitano mayor resonaron en el salón de actos, llevando al máximo la intensidad de la muy numerosa audiencia. Sorprendió primero que este señor dijera que consideraba al conferenciante no como un payo, sino como parte de su familia. Esa sorpresa se acercó al infinito al escuchar que el conferenciante había dormido en el sofá de su casa. Ya no sorprendió que volviera a decir que estaba orgulloso de él porque estaba al mismo tiempo en las alturas y también en el nivel más bajo.
Yo estaba en aquel momento haciendo el máster en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. Igual que el resto del público, no había presenciado nada igual, una relación intercultural tan profundamente basada en la amistad más sincera. Así entendí, más que nunca antes, cómo el conferenciante y personas como él lograban una colaboración, con personas como el señor del público, que conseguía las mayores mejoras educativas y sociales que se conocen. Así entendí también cómo conjuntamente habían creado aportaciones del mayor nivel científico y reconocimiento internacional que se conoce.
Desde entonces ya no pierdo el tiempo con “teorías” de autores que se presentan como decoloniales y acosan a quienes dicen defender. Desde entonces aprovecho bien el tiempo con teorías del más alto nivel científico, que son también las elaboradas por personas que saben estar en lo más alto y en lo más bajo.
[Imagen: Unsplash]
Cofundadora de Me Too Schools. Profesora universitaria y titulada de Conservatorio Superior en música.
