Ayer se publicó en la revista Frontiers esta investigación, basada en las percepciones de docentes y familiares sobre la violencia relacional desde las primeras edades.

El estudio analiza cómo el Modelo Dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos (MDPRC) y el Club de Valientes Violencia 0 contribuyen a que niños y niñas de 3 a 5 años identifiquen formas complejas de violencia y desarrollen conductas prosociales.

En él podemos extraer algunas ideas clave que nos pueden ayudar en nuestras escuelas y comunidades educativas. Es importante recordar que, aunque las investigaciones han demostrado que la exposición a la violencia en los primeros años de vida puede tener efectos duraderos en el desarrollo e influir en diferentes ámbitos, su prevención y eliminación siguen planteando un desafío tanto para la sociedad en general como para las escuelas en particular.

¿Qué nos aporta esta investigación?

La violencia física (empujones, mordiscos o golpes) suele ser más fácil de identificar. Sin embargo, la violencia relacional, que incluye la exclusión, las amenazas, la coacción o el chantaje, puede pasar más desapercibida. Según el estudio, estas formas de violencia comienzan a aparecer desde los 2-3 años y se vuelven más complejas a medida que los niños y niñas crecen.

Una de las ideas más relevantes es que reconocer la violencia no depende únicamente de la edad o la maduración, sino también del entorno social, cultural y educativo.

Tras la implementación del MDPRC y el Club de Valientes Violencia 0, docentes y familias observaron que:

  • Niños y niñas de 3 a 5 años podían identificar y verbalizar diferentes formas de violencia, incluidas algunas más sutiles.
  • El alumnado desarrollaba conductas de ayuda y apoyo hacia sus iguales, adaptándolas a sus necesidades.
  • Estas conductas prosociales no se limitaban al aula, sino que también aparecían en otros espacios, como las relaciones entre hermanos y hermanas.
  • Las actuaciones de prevención desarrolladas en la escuela favorecían la continuidad de estas conductas prosociales en etapas posteriores.

Según informó el profesorado, los niños y niñas de tres años comenzaron a aprender a ayudar a sus compañeros y compañeras mediante sugerencias, mientras que el alumnado de cinco años demostró un nivel más avanzado de conducta prosocial. No solo se apoyaban mutuamente, sino que también eran capaces de adaptar su ayuda a las necesidades específicas de sus iguales.

Estas actuaciones ponen el foco en las conductas de ayuda y contrarias a la violencia, así como en el alumnado que se posiciona contra todo tipo de violencia. Este resultado pone de manifiesto la importancia de valorar explícitamente y visibilizar el comportamiento prosocial dentro del grupo de iguales.

Algo importante es que las conductas prosociales se extendieron más allá del aula. Familiares comentaron que sus hijos e hijas eran capaces de manejar situaciones conflictivas desde una perspectiva dialógica, incluso a una edad muy temprana, por ejemplo, con sus hermanos y hermanas.

El estudio también recoge un contraste significativo: algunas familias explicaron que durante su propia escolarización determinadas situaciones violentas se normalizaban con expresiones como «no importa» o «solo discúlpate o da la mano». En cambio, observan en sus hijos e hijas una mayor capacidad para reconocer y posicionarse ante estas situaciones.

Finalmente, según los participantes, el conjunto estructurado de acciones implementadas por la escuela en relación con la prevención de la violencia se percibió como un apoyo para la continuidad de las conductas prosociales desarrolladas en la primera infancia a lo largo de la Educación Primaria.

De reconocer a actuar

En conclusión, este estudio nos muestra que el contexto social y cultural es clave para visibilizar la violencia relacional desde las primeras edades.

La prevención no consiste únicamente en identificar la violencia, sino también en proporcionar herramientas para hablar sobre ella, posicionarse en su contra y desarrollar conductas prosociales.

Actuaciones como el Modelo Dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos y el Club de Valientes Violencia 0 pueden contribuir a dejar de normalizar la violencia y a favorecer relaciones basadas en la ayuda y el apoyo desde la Educación Infantil.

Imagen: Magnific
+ posts

Doctora en Educación. Durante 23 años maestra de pedagogía terapéutica y educación primaria y 8 años directora del CEIP L'Escolaica. Profesora en la Universidad de Valencia.

Maestra de audición y lenguaje y educación infantil. Participante del seminario de Valencia "A muscles de gegants"