Cualquier trabajador, de cualquier ámbito, al que le hayan obligado a realizar una tarea que no mejora absolutamente nada sabe la pérdida de sentido que supone llevarla a cabo. Eso es lo que está pasando cada vez más, y de forma más explícita, entre el profesorado, que está harto de verse obligado a realizar talleres, cursos o actividades mal llamadas “innovadoras” que nunca han mejorado la convivencia ni los resultados en ninguna escuela y que, por supuesto, no se basan en ninguna evidencia científica de impacto social.
Como profesor, lo que peor llevaba era tener que realizar largos cursos o incluso implementar en mis clases actividades que nunca han mejorado nada en ninguna escuela. Me frustraba ver cómo se desperdiciaban recursos públicos en programas y cursos que nunca han funcionado en ningún lugar. Sin embargo, cuando conocí las actuaciones educativas de éxito (AEE), todo cambió. Al ver que las horas que invertía en leer y aprender más sobre las AEE se traducían en un mayor bienestar y aprendizaje de mi alumnado, me motivaba cada vez más y comencé a participar en tertulias y encuentros sobre AEE fuera de mi horario laboral, movido por la ilusión de mejorar la educación y la vida de los niños y niñas.
Hace un mes, en el Encuentro Internacional de Comunidades de Aprendizaje celebrado en el Kursaal de Donostia, una persona relevante dedicada a las políticas europeas alucinaba al ver a tantas personas, entre ellas una gran parte profesorado de escuelas e institutos, un sábado por la mañana y con tanta ilusión, y se preguntaba por qué ocurría algo tan excepcional. La respuesta era clara: eso no habría sido posible sin el sentido que da al profesorado ver cada día cómo mejoran los resultados de su alumnado gracias a la implementación de las AEE.
En ese mismo encuentro, hablando sobre el aprendizaje instrumental, un profesor de primaria decía con brillo en la mirada:
«¿Qué es lo que hace que estéis entusiasmados? Tener resultados. Si te basas en las evidencias, tienes resultados si las aplicas con rigor. Si tienes resultados, claro que te entusiasmas y, si te entusiasmas, lo haces mejor y tienes mejores resultados todavía, lo cual te entusiasma más. Así no dejamos nunca de mejorar ni de entusiasmarnos.»
Cada vez más profesorado, más personas con responsabilidades institucionales y más ciudadanía piden actuaciones basadas en evidencias científicas de impacto social, ya que ven cómo las ocurrencias empeoran sus vidas y las de los niños y niñas, mientras que trabajar implementando las AEE mejora su vida y aumenta su motivación y atractivo. Solo había que ver el brillo en la mirada de las personas asistentes al Kursaal. Por eso, se trata de una ola imparable que, poco a poco, llegará a todos los rincones del mundo.
Imagen generada con IA en ChatGPT
Profesor de educacion primaria durante 7 años y doctorando en la Universitat Rovira i Virgili
